Entre la cartársis y la serendipia

Ven y camina conmigo, tómame de la mano, puedo mostrarte el mundo con los colores que solamente tú, puedes hacerme ver.

Ven y camina conmigo, abracemos el tiempo que se queda perplejo al vernos juntos, pobre de él, se detiene al vernos.

Ven y camina conmigo, te mostraré que toda historia pasada fue mejor, sólo si no escribes una historia nueva ahora, una historia que escribiremos los dos.

Ven y camina conmigo, muévete, porque hay que buscar, quien no busca se queda estancado, se pierde.

Ven y camina conmigo, huye de tu paso por el invierno, porque más adelante está el verano, allí donde ríes y opacas la luz del sol.

Ven y camina conmigo, llenémonos de vida, hagamos la vida; porque hay que huir de todo de vez en cuando, cada vez que sea necesario, ser otros, o si lo prefieres, ser uno.

Ven y camina conmigo, porque sólo juntos, podremos lograrlo.

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La extranjera

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Últimamente me topo con las letras de Neruda entre mis noches, algunas otras veces es en los amaneceres grises de esta ciudad de la eterna primavera, por ahí van sus doce poemas, los persigo y al toparme con Ellos encuentro esa delicada y poética mirada, la que brilla cual Sol…¿Qué estará sucediendo? Pasé de ver los versos de Neruda a recordarte a ti, parece haber una Nebulosa de ideas ahora mismo en mi cabeza ¿Quién eres? ¿Qué estoy pensando?
En las mañanas, luego de ese otro Sol se muestra -ese Sol, el que siempre estuvo y compite con tu luz-, tarareo “[…]HAZ LO QUE SEA PARA QUE NO PAREZCA AMOR Haz que no parezca Amor. Que es lo que se lleva ahora. Duelen tantas tripas en nombre de la libertad. Tú dices libre y yo digo cobarde. Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante. Cobarde todo aquel que no esté presente […]” y antes ¿Qué iría antes? Pues básicamente es lo que temo para dirigirme a ti y…¿Qué va después? Después son los instantes que escribo para ti, no me apena ser patético pues su origen etimológico pathos que quiere decir pasión es lo que me generan las letras, me generas cuando te pienso y ya respondí lo que estoy pensando pues “The aesthetic event is something as evident, as immediate, as indefinable as love, the taste of fruit, of water.” y eres poesía, eres una demostración tan real de lo estético, toda la poesía que vislumbra el camino…el otro Sol que ilumina esta vida y ahí quedamos claros en responder otra de las cuestiones que planteamos ¿Las planteé? ¿Me apoyaste a hacerlo?
Y estamos…sí estamos viajando…
Time carries him as the river carries
A leaf in the downstream water.
No matter. The enchanted one insists
And shapes God with delicate geometry.
Since his illness, since his birth,
He goes on constructing God with the word.
The mightiest love was granted him
Love that does not expect to be loved.
y seguimos, seguiremos estando, pues cabe recalcar que ese amor más poderoso está en simplemente profesar y no en esperar ser amado. Dar es amor real.

Ella 2

…Y qué tarde tuvimos, creo que la tarde duró más de diez horas (dirán “pero una tarde solamente contiene unas pocas seis horas” pues así fue, no fue solamente la tarde, hubo tantos matices), las horas más brillantes en mucho tiempo. Hoy ya hace un par de días que no la veo y es que tenemos en común muchas tareas, tareas de jovencitos, compromisos ¡Ay…es un poquitico estresante! Pero hoy le estoy escribiendo una cartita, una corta en la que espero transmitirle lo que he sentido siempre por Ella, pues…no sé si les conté pero la chica de quién he hablado esta tarde me dijo que quería vivir rodeada de la magia pura que creábamos con cada instante juntos y si es así debía ser muy directo entonces (Je, je, je, je, vamos a dejar claro que ese vivir rodeada es porque desea tener tanta magia en cada momento, no necesariamente porque quiera o desee vivir conmigo ¡Somos muy jóvenes! Al menos esto es lo que siento) vaya, yo armando planes con Ella sin saber si hoy, sábado en la tarde nos podremos ver…a ver, cómo le contaré…¿Por WhatsApp? No…mejor le llamaré a su casa a las 6.

Y ya son las seis, vamos a esperar unos minutos para que no parezca que estuve esperando todo el día este momento para escuchar su voz, en el teléfono marco 4, 5, 5, 2,…, (empiezo a tener esa sensación de grandeza y vacío, esa sensación de esperar que sea Ella quien me conteste, que no sea más nadie) ¡Beep! (Primero), ¡Beep! (El segundo), ¡Be! –Alguien contestó- y dice “Aló buena noche ¿Con quién tengo el gusto de hablar?”  –No era su voz– dije entonces “Me podrías comunicar con…” no terminé de decir cuando por la otra línea Ella contestó “Mami es para mí, gracias” –se imaginan mi paz–, pero su Mamá empezó a decirle “Con que Él es el afortunado…debes invitarlo a la casa”, hubo un silencio un segundo y después surge una frase un tanto cálida de parte de Ella “Oye Joyce, quería que ahorita vayamos a comer algo…tengo muchas ganas de más magia” –notaron que me llamo Joyce ¿No se preguntan cómo es el nombre de Ella? – (Obviamente se refiere a mis abrazos, no hay de otra) para dentro mío pensé –cómo le digo sin sonar muy sorprendido que la llamaba para decir lo mismo ¿A ver tú qué piensas?– se me ocurrió “Vayamos por las mejores alitas que me he comido, son deliciosas y además hay un parquecito como te gusta al frente, nos sentamos en una banquita”, no fue sino que terminase de decir unas pocas palabras cuando ya estaba esta chica impulsiva a más no poder diciendo “En media hora, yo estoy lista” y claramente yo lo estaba desde que prometí tener café preparado para estar juntos.

Y así, no pasó ni media hora cuando ya estaba allá (No, no he olvidado que traería una carta para Ella) la vi a muchos metros ¡Yo veía a muchos metros solamente objetos muy graaaandes! Pero mira, a esta chica la podía ver, así somos.

Volteé un instante y la perdí de mi vista,…, luego de este diálogo con el vecino por mi espalda sentí un apretujón, uno de esos que te hacen reaccionar cada sentimiento bonito y dije “¡SOL! Justamente hablaba con Jorge que te habías perdido y vi que venías por allí” (Sí, sí, mis queridos lectores la joven de quien les hablo y con quien deseo estar inspirado más y más, la que tiene la voz tan propia, la sonrisa tan linda fue nombrada Sol, como diría una amiga, un nombre que la hace ser radiante siempre) y me sale con esta perla “Tú quieres estar conmigo hasta que el Pricipito sea un adulto, pues yo estuve pensándolo mucho y yo quiero tener seguridad de estar enamorada, saber que serás mi religión y tener certeza que ese Dios que no es mi Dios pero que serás para esa religión que construimos, es falible ¡Sí, te hago una cita a Borges!” – Me sonrojé demasiado – (quien me conoce un poco, sabe que mi admiración hacia Jorge Luís Borges es tan grande como su obra y aún su obra sigue siendo inmensa frente a lo que le admiro) y acá vamos por nuestra comida ¡Aaaaah, unas deliciosas alitas con distintas salsas! Y así hasta terminar.

Venía el momento de entregar mi carta, no se notaba ni rastros de lluvia, sería una tarde para descubrirnos aún más y para empezar debía entregar mi carta (Obviamente les compartiré la carta, esta carta la escribí a Sol desde que sabía que por Ella sentía de todo. La he guardado tanto, no saben cuánto…y hasta le llegué a hacer creer que fue un favor para un amigo ¡Qué miedo tanta pasión allí) y saco de mi bolsillo una pequeña maroma (era una maroma porque no tenía tanto sentido, pero se veía bonita. La hice yo mismo, fruto de mi trabajo, era origami para enfrentar la torpeza, sí eso era) Ustedes debieron ver la cara que Ella hizo, no sabía qué decir, una joven de su edad que me dice “Joyce, Joyce ¿Qué es esto?” y yo le respondí “Una carta con lo que pienso y siento para contigo”, con su voz tan inspirada me comenta al oído “Joyce ¡Me he enamorado y aún no he empezado a leer!” y así empezamos

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INVITACIÓN PARA SOL

Ambos sabemos que últimamente el amor, o al menos el intentar amar, es un concepto de valientes.
Me explico: Hay una condescendencia temporádica de ofrecer algo eterno y prostituirse en te amos cada tres meses.
Por eso vuelvo y digo que es un concepto de valientes decidir a quién querer y a quién pretender hacerlo, es casi una metáfora hacer insinuaciones que acaban en una tarde de sexo y luego se convierte en nada. Al final, termina siendo una ironía.

Ya, dejémos de darle forma al asunto… Vos me gustas y eso lo tengo claro. No quiero que esto se convierta en un enamoramiento torpe ni un capricho vergonzoso de quererte un poco.
Quiero explicártelo de una forma en que lo logres entender y puedas visualizar aquél sentimiento en algo más que un escrito poético al que, ahora, le estoy dando vida. Creo solemnemente en que al ser humano lo mueve algo más que las casualidades, pero últimamente me he estado perdiendo en Usted; En la forma inaudita que sonríe, en tus acciones abnegadas para con la gente, en la extraña manera que tiene tu cuerpo de volverme nada, y más que un deseo es admiración.

Y ahora sí, dándole cabida a la poesía… Yo a Usted le siento como un pecado, como una tormenta a cuatro estaciones y un beso que sabe a querer quedarse.
A Usted le siento, y le empiezo a querer, como luna llena sin septiembre
Como abismo, del cual no me importaría lanzarme.

Le empiezo a querer con la dificultad de tiempo atorado en mi garganta y la habilidad de escribirle estas letras con premura. Una sinceridad que me aborda y procese a convertirse en esto.

Vuelvo y rectifico mi postura: No es enamoramiento torpe el que tengo. Es más, me aterra la idea de que fuera así, porque me aterraría quererle tan comúnmente como se quiere hoy. A velocidad de otoño y sin precaución.

Le propongo un trato, conózcame un poco y déjeme conocerla más, déjese persuadir por la intención de mis palabras y dispongamos del corazón para que tome la decisión. Para terminar, y asegurándole una cosa, nunca fui tan valiente y me dispuse a escribir de lo que me genera usted.

Le quiero con la manía loca de un poeta y la cordura precavida un transeúnte cualquiera,
En esta ciudad de la eterna primavera.

Lo leyó en voz alta, quería hacer una pausa en cada palabra, Ella estaba disfrutando estar ahí, sentirse en cada palabra o eso me hizo sentir y vaya uno a saber qué más pasaría en por su mente – Un dilema – o quizás no tanto, pues me dijo al terminar “Mi alma en estos momentos siente haber llegado hace unos días  su casa, como en una experiencia fantástica…el acorde que tengo por alma en este momento ha borrado toda cuál disonancia pudo enfermarla, acepto esta invitación”, adivinen quién estaba poseído por una cierta penumbra (no aquella del tercer tópico de Daniel Damián, sino una de imaginación, uno a esta edad sintiendo tanto).

Esa noche fue realmente bella, apenas eran las 9:30 pm, pasaron muchas cosas más, pero luego las iremos contando…

Escritos

Quizás ya estés dormida y soñando, quizás leas tarde este mensaje, quizás sólo seamos un sueño insignificante en un vasto universo al que no le importamos. Pero, para mi, tu eres un sueño real, eres una sonrisa real, eres una mirada real, una mujer sensual real, una persona real y con eso me basta para desafiar al universo, para decirle que para mi tu no eres insignificante, que para mi eres valiosa para compartir mi tiempo recuerda la amistad es uno de los placeres más grandes que podemos obsequiar lo dijo Horacio hace muchos siglos. Quizás no seamos nada para un montón de estrellas gigantes a las que observamos en la noche, pero quizás, tu y yo seamos esa fuerte y constante amistad que desea formarse y. O romperse, esa que ellas en la distancia observan e iluminan para guiar, sosleyar y hacer grandiosas las cortas estancias que nos ven unir.

Y sí, es un día pesado pero más que eso es el detalle de poder compartir al menos un detalle, uno muy pequeño pero que con la dedicación que lo estoy haciendo valdrá la pena mientras el universo o nosotros nos permitamos unir de nuevo un diálogo…corto o no. Un grande abrazo Señorita.

ELLA

Me contaron que estabas muy feliz, quería saber la razón. Por eso, con mucha mucha calma me acerco y pregunto, discretamente ¿Cómo te va y qué haces?

Ella me contestó sin siquiera dudarlo: “¡Oh, estoy muy bien!” Y me salio con esta perla, propia y esperada sólo de Ella “No ves mis cachetitos rojitos y mi sonrisa muy muy amplia”

Yo, como buen chico tímido miré a los lados y metí las manos en los bolsillos, hice un gesto con la mirada, sonreí y seguí sonriendo…pasaron un par de minutos y luego de un silencio (Propio de un encuentro con quien te sonroja el alma) dije “Oye, me alegra verte. ¿Qué vamos a hacer ya que nos topamos?”

Ella, ay, Ella como toda una experta en el arte del diálogo me miró a los ojos y comenzó a decir “Pues tenemos café caliente, tiempo de sobra…quizá…quizá sentarnos en esta esquinita a mirar la tarde”

Yo, no sé, Yo no era tímido hasta que Ella y su habilidad para enmudecer la vida aparecían, sin pensar y con algo,…un algo que salió de por allá donde uno no sabe cuándo se siente que ama como nunca, como no sabía que lo haría le mencioné “Pero, me das la manito…te, te, ten, tengo acá unas galletitas para nosotros y…y…”…Ella sin pensarlo le dijo “Y acepto, vamos pues. Yo conozco el mejor lugar de la acera para sentarse”

Y así caminamos, era de su mano, la mano que llevaba tanto añorando agarrar y haciendo una pausa le dijo “¡Contigo hasta que El Principito sea adulto!”, Yo estaba loco, pues El Principito ya era adulto. Pero acá lo más importante era que supiera que íbamos sin ir, con las ganas, cada trazo, como con el ritmo que prometiera la vida y Dios. Ella con su mirada burletera empezó a correr, pues, me dejó atrás pero no contaba con mi reacción que fue instantánea y me permitió alcanzarla, le robé un abrazo y en esa carrera (No tan corta como suena allí), estuvimos en la acera que queríamos.

Saqué mis manos a pasear por ahí y logré hacer mi acto…lo tenía planeado desde que la vi aquella primera vez, era un abrazo mágico; sostenía todo el cariño que quería que sintiera de mí hacia Ella, todo y hasta más…era magia pura lo que lanzaba, me sentí Gandalf, no, no…, era Merlín, tal vez el mismísimo Dr. Stranged, quién iba a saberlo, mi abrazo era magia pura…

Esta historia continuará, cada que quieras leer un poco más de lo que va…

Somos Guerreros

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Luchador, vas por la vida haciendo y deshaciendo cuestiones; eres un luchador al igual que los antiguos, peleas en pos de algo, peleas en pos de tu corazón, de tu deseo.

Seguramente estuviste en varias batallas, todas diferentes a lo largo de los tiempos, batallas por la vida misma, por la libertad, por un ideal, por la fe, por un amor.

Ahora te toca ser luchador de la vida, guerrero que no descansa nunca, a lo largo de milenios…siempre serás el mismo, porque tu naturaleza es luchar a pesar de ser vencido una y otra y otra vez.

Luchador del pasado, del presente y del futuro, guerrero sin fin; así te sientes muchas veces, peleando por algo que no sabes si vas a conseguir, pero dejando siempre una marca, dejando todo en la arena. Para que al momento de morir, lo hagas con la frente en alto, por haber logrado ser y no parecer.

La Mejor Novia

Cuando entré al taller de Lorenzo, el elegante zapatero decidió terminar la jornada aunque todavía estábamos a mitad de la tarde. Apreciador de los vinos tintos y de los libros de filosofía, tenía en el martillo y en el alicate las herramientas de su oficio; las ideas con que coloreaba el mosaico de la vida, los instrumentos de su arte. Su taller no tenía hora determinada para abrir o cerrar. El funcionamiento variaba según la voluntad del artesano y, en la pequeña ciudad, los horarios inusitados del local ya se habían vuelto una leyenda. Los dos veríamos un juego de fútbol por televisión en una animada taberna. Era uno de los tan anhelados juegos finales del campeonato. Lorenzo creyó que aún había tiempo para conversar un poco antes de irnos y fue a hacer una jarra de café para animar las palabras. Cuando puso las dos tazas humeantes sobre el mostrador fuimos sorprendidos por un tornado en forma humana. La hermana menor del zapatero invadió el pequeño taller y nos dio la sensación de que su ímpetu agitaba todo a su alrededor. Lucy era su nombre. Hacía mucho había dejado de ser una niña y aunque ya tenía más de medio siglo de existencia, todavía mantenía el frescor de la juventud. Sus ojos azules contrastaban con la piel morena y el cabello negro; era bellísima. Una persona agradable en el trato, atenta y buena amiga. Muy dedicada a los estudios, se había vuelto una respetable jueza de derecho de la región, lo que le proporcionaba una vida cómoda económicamente. A pesar de tantos atributos no era feliz. Uno de sus deseos era tener un matrimonio estable, al lado de una persona con quien pudiese compartir todos los momentos de la vida. Con muchas cualidades personales, sus relaciones afectivas eran efímeras y, por razones que no podía entender, no se sostenían. Este era el motivo de aquella visita repentina; su último novio había acabado de terminar el romance.

Estaba angustiada. Había venido en busca de entendimiento. Lorenzo le pidió que se sentara y le sirvió una taza de café. De inmediato Lucy comenzó a recitar una gran letanía de incomprensiones. Decía, de modo sincero, que no entendía el motivo por el cual todas sus parejas rompían la relación. Siempre estaba dispuesta a ayudar al compañero con sus problemas personales, era amiga, leal, cuidadosa y dedicada. Comentó que conversaba con sus amigas y ellas tampoco entendían el motivo por el cual los romances no prosperaban. Todas la consideraban la novia perfecta.

Como quien no quiere nada, el artesano le pidió que le hablara un poco, no sobre ella a quien bien conocía sino sobre sus amores. En un intercambio rápido de miradas con Lorenzo, como viejos amigos que éramos, entendí la estrategia del sabio zapatero: el corazón habla más sobre sí cuando revela su visión sobre el otro. Lucy comenzó por el último. Contó que él era un gran empresario del ramo de supermercados, una persona alegre y cariñosa, un hombre rico y generoso, pues ayudaba a varias entidades filantrópicas. No obstante, respondía ante un serio proceso por evasión fiscal. Explicó que ella, como juez, no se sentía cómoda al relacionarse con una persona con tal problema y le había pedido que resolviera la situación cuanto antes. Llegó hasta ofrecerse para conseguir un préstamo bancario con la intensión de saldar la deuda o, en caso extremo, consideraba retirarse de la magistratura, pues así se sentiría más cómoda para casarse.

Otro enamorado, anterior a ese, era un talentoso artista plástico, hombre sensible y amoroso, con raro talento. Sus pinturas eran de gran belleza y la emocionaban. Confesó que no entendía como su trabajo nunca había interesado las grandes galerías internacionales. Él tenía dificultad en mantener su propio sustento, la venta de los cuadros era escasa y limitada a la feria pública en la plaza de la ciudad. Recibía una ayuda del hermano, de quien era muy amigo, para complementar la renta. El hermano era conocido por ser dueño de un famoso y polémico cabaré que, según las malas lenguas, era un canal para la prostitución. Aunque su novio no estuviera involucrado con el negocio, aceptaba una mesada para el auxilio de sus gastos personales. Lucy lo estimuló a retomar la universidad y terminar el curso de arquitectura que había abandonado para dedicarse a la pintura. Él podría vivir con ella hasta graduarse, lo que reduciría los gastos, y después de diplomado podría valerse del buen circulo de relaciones de ella para realizar plantas y proyectos. Tan sólo quería que su novio tuviera las condiciones necesarias para que no aceptara más el dinero, de dudoso origen, venido del hermano.

También relató otra relación en la cual el novio era un dedicado médico que trabajaba en hospitales públicos. Amaba verdaderamente la medicina y tenía una intensa pasión por curar. Un hombre extraordinario, un ser generoso y un buen amante, no obstante el poquísimo tiempo que tenía disponible para la relación. Como había elegido atender la parte de la población de bajo poder adquisitivo trabajaba mucho y ganaba poco, comparado con la posibilidad de tener un consultorio propio, donde podría equilibrar mejor la relación entre tiempo y remuneración. Ella no dudaba del éxito que tendría, pues había acumulado hasta ese momento mucho conocimiento y experiencia con la dedicación profesional y desprendimiento material que poseía. La ardua rutina del médico le impedía viajar, ya fuera por la falta de tiempo o de dinero, al menos a los destinos más caros y renombrados deseados por Lucy. Se ofreció a ayudarlo a montar un consultorio o a asumir los costos de los viajes que ella soñaba hacer, pues esta era una de sus grandes pasiones.

A medida que Lucy narraba sus historias, quedaba claro que las relaciones terminaron cuando ella insistía en modificar la manera como los novios vivían. Por diversos motivos, sus estilos de vida le incomodaban.

Lucy iba a comenzar a relatar otro romance cuando el hermano hizo un gesto suave con las manos declarándose satisfecho. En busca de aprobación, ella le preguntó al zapatero si creía que estaba equivocada. “Sí y no”, él respondió. Lorenzo tomó un sorbo de café y dijo: “Todos tienen el derecho de buscar a la persona de sus sueños, aquella que se encaje con sus ideales de felicidad. Sólo no podemos exigir que los otros se adecuen a nuestros conceptos de mundo ideal”.

La hermana protestó diciendo que apenas ‘ofrecía lo mejor y por esto exigía a cambio lo mejor del otro’. El zapatero pronto replicó: “Me parece que el problema reside exactamente en este punto, pues si ambos piensan así podemos derivar en nefasta competencia movida por el orgullo de saber quien tiene más para ofrecer y, pronto, exigir compensaciones cada vez más inaceptables”. Meneó la cabeza como quien dice que todo estaba errado e intentó explicar: “Pienso que el amor para que sea amor nos lleva a ofrecer lo mejor que somos, sin exigir nada como retribución, o no es amor. Cuando no podemos sentir alegría en el simple hecho de ayudar en la felicidad ajena e incluimos tributos en nuestra oferta, el amor se deshace en el aire”. Se encogió de hombros lamentándolo y dijo: “Para vivir el amor es preciso entender al amor”.

Ignorando la observación, ella alegó que su posición era justa y, como mínimo, razonable. Lorenzo levantó las cejas como diciendo que aquella conversación no sería fácil y discrepó con serenidad: “No es justo ni razonable”, ante la expresión de espanto de Lucy, el artesano trató de explicarle: “Compartir lo mejor de sí es multiplicar el poder de la luz que existe en ti. Al compartir tu equipaje iluminas los pasos de quienes están perdidos, haces que sea posible que aquellos que están sentados en el borde de la carretera vuelvan a caminar. Por tanto, es necesario renunciar al control sobre los otros y a la necesidad de cualquier tipo de retribución, aunque sea un simple agradecimiento”. Hizo una pequeña pausa e hizo una pregunta retórica: “¿Entiendes que no es justo ni razonable pedir nada a cambio? La vida devuelve mucho más cuando ofrecemos amorosamente lo mejor de nosotros. Por tanto, cualquier auxilio debe estar desconectado de la sensación de supremacía sobre el otro, de reverencia, dependencia o cualquier cobro o será un triste ejercicio de vanidad y dominación. Cuando exiges de la otra persona una determinada actitud, en contrapartida, acabas reduciendo el amor a la condición de un mero negocio y pierde la ligereza indispensable para sostenerse en el aire. La felicidad no reside en la construcción de muros altos en el intento de controlar al otro, sino de compartir con toda la gente la alegría de crear las propias alas para atravesar los abismos de la existencia. El vuelo es solo, pero es lindo cuando alguien nos puede acompañar”.

Los ojos de la hermana estaban encharcados y una lágrima le corrió por el bello rostro. Gimiendo dijo que siempre se había esforzado para ser la mejor amiga de sus novios. Lorenzo completó el raciocinio: “Y terminaste siendo la peor novia”. Hizo una pequeña pausa y prosiguió: “Fuiste grande cuando ofreciste lo mejor de ti y lo que creíste ser lo mejor para ellos. En ese instante el cielo se puso de fiesta. Todo se perdió cuando les exigiste la aceptación incondicional de la oferta y el cambio de comportamiento para que se adecuaran a aquello que pensabas estar a su altura. ¿Percibes que en el fondo no actuaste por amor sino por miedo a que la vida de ellos afectase la vida que habías escogido para ti misma? Entonces resolviste intervenir en las elecciones ajenas. Tu los querías, pero los querías diferentes de lo que realmente eran. Querías apenas la parte buena o lo que tu nivel de consciencia entendía como la parte buena. ¿Entiendes que, si ellos hubieran aceptado, perderían la propia integridad o la autenticidad que tanto nos diferencia y encanta? De cierta manera, inconsciente o no, te imaginas perfecta, crees que eres mejor que tus novios y, lo peor, aún estás presa a las expectativas y opiniones del mundo sobre tus elecciones y verdades. Con eso pierdes la miel de la vida y todo lo bueno que cada persona puede proporcionarte. La exigencia por lo perfecto te impide aprovechar lo posible. Entonces, los ángeles terminan la fiesta por desarmonía en el ritmo de las canciones”.

Lucy lloró mucho y no pronunció palabra. Lorenzo la abrazó con amor por largo tiempo. Después enjuagó las lágrimas de la hermana, la besó en la frente y habló con los ojos dulces y la voz serena: “No puede existir mayor tontería que el deseo de modificar a los otros. Transformarse a sí mismo es tarea que cabe a cada uno de nosotros. Aprender, transmutar, compartir y seguir son las directrices; iluminar las propias sombras es la batalla que nos aguarda. Ahora es enjuagar las lágrimas, cicatrizar las heridas y recomenzar. La vida no desistirá nunca de ti ni impedirá tu felicidad. Siempre existirá una nueva oportunidad”.