LA REINA GINEBRA

Hoy hablaré sobre uno de los personajes determinantes en la mitología Celta, asociada directamente a la antigua Bretaña. Espero disfruten estas líneas tanto o más que yo al escribirlas.

Ginebra era la esposa del rey Arturo.
Según las leyendas asociadas al mito artúrico, Ginebra fue infiel al Rey Arturo con Lancelot, uno de los caballeros de la Mesa Redonda. La leyenda asocia la infidelidad de Ginebra con Lancelot a la caída del reino de Camelot, de ahí que sea considerada como un símbolo de la fragilidad de la condición humana y de la perversión. En el contexto del mito de Arturo se señalará que Ginebra era una con el reino, y que con su enfermedad o malestar la tierra y las cosechas se resentían. Tras el desliz de Ginebra con Lancelot, Bretaña cae bajo las invasiones de los bárbaros anglos y sajones.

Según el mito, Ginebra sería la hija del Rey Leodegrance de Cameliard. El Rey Arturo envía a Lancelot a que la traiga a Camelot para casarse con ella, y en el viaje ambos se enamoran. En cuanto llegan a Camelot, Arturo y Ginebra se casan, y Ginebra se convierte en el centro de la corte. Tiene en general buenas relaciones con su esposo, pero se enemista con la bruja y media hermana de Arturo, Morgana, al expulsar de la corte a Sir Guiomar, amante de Morgana y sobrino de la propia Ginebra. Morgana guardará siempre rencor hacia la reina y se lo transmitirá a sus hijos.

Aunque casada con Arturo, el amor que Lancelot y Ginebra sienten durará hasta la muerte de ambos. En todo caso, los enemigos de Arturo aprovecharán esta relación para fraguar la acusación de adulterio y conspiración que lanzan sobre Lancelot y Ginebra. Esto lleva a una condena de muerte para la Reina y una orden de expulsión del reino para Lancelot. Lancelot no puede permitir la muerte de Ginebra y, al intentar salvarla, mata a dos de los hijos del Rey Lot de Lothian y de Morgause (hermana mayor de Arturo), Gaheris y Gareth, lo que deriva en guerra abierta entre dichos reinos y Camelot, y supuso al final la muerte de todos los caballeros de la Mesa Redonda.

La condena a muerte de Ginebra no se materializa en la leyenda. Ginebra recibe la noticia de la muerte de Arturo y de todos los caballeros de la Mesa Redonda cuando estaba en un convento en Glastonbury, donde voluntariamente se había encerrado para no caer en las manos de Mordred. Se viste con ropas de luto y ordena a sus damas que hicieran lo mismo. Se dirige a Amesbury, en Wiltshire, donde habría un convento en el que la Reina decide tomar los hábitos. Pasa el resto de su vida de forma anónima. Años después fue elegida superiora del convento.

En el convento, poco después de la muerte de Arturo, tiene una última entrevista con sir Lancelot. Posteriormente, Lancelot abandona la vida de caballero y se convierte en monje ermitaño. Años más tarde Lancelot tiene un sueño donde un ángel se le aparece y le dice que debe fabricar un féretro, ponerle ruedas y dirigirse con el a Amesbury donde encontraría muerta a la reina. Así lo hace: al llegar a Amesbury recoge el cadáver de Ginebra y lo lleva a enterrar junto al de Arturo.

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EL DESTINATARIO DEL AMOR

Era una fría mañana de otoño. El sol me calentaba el cuerpo sobre el pesado abrigo de lana. Andaba por las calles estrechas y retorcidas de la elegante ciudad, que está en la falda de la montaña que acoge al monasterio, en busca del taller de Lorenzo para tomar un café caliente y tener un poco de prosa. Me sentía triste por la ingratitud de algunas personas con quienes convivía por no corresponder al amor que yo les ofrecía. El zapatero, que remendaba el cuero como oficio y las ideas como arte, me recibió con la alegría habitual y en seguida estábamos sentados en el mostrador con dos tazas humeantes. Después de exponer mis insatisfacciones, cuestioné a mi amigo sobre el hecho del amor ser la causa de tanto sufrimiento. Me parecía contradictorio, ya que ese sentimiento está innegablemente ligado al bien y a la luz. Al final, siendo el amor algo tan bueno, no debería permitirse el sufrimiento en su nombre. El artesano bebió el café y respondió como quien dice algo obvio: “Sufren por el simple hecho de no entender el amor”. Discrepé. Dije que el amor es inherente a todas las personas. Añadí que no debe haber un único ser humano en la faz de la Tierra que desconozca el amor. Lorenzo sonrió y dijo: “Sí, es verdad. No obstante, tenerlo con nosotros no significa que ya sepamos descifrarlo. Es más, no es apenas amor lo que corre por las venas de toda la gente sino todos los sentimientos, tanto los mejores como los peores, sin excepción. Identificar cada uno de ellos es fundamental; no permitir que unos contaminen a los otros es parte del arte del andariego”.

“Pero vamos a permanecer sólo en el amor para que esta conversación no se prolongue demasiado. Quien sufre por amor es aquel que aún no ha entendido quién es el fiel destinatario de este real sentimiento, ni su mecánica”. Le comenté que no había entendido. El zapatero expuso su raciocinio: “La raíz del sufrimiento está en amar como aquel mercader que contabiliza la entrada y la salida de mercancías. Si ofrecemos cariño, afecto y atención, exigimos la contrapartida en retribución o pago. Es decir, solamente nos permitimos amar cuando nos sentimos amados a cambio y en igual intensidad. ¿No es así?”. ¡Sí, así es¡ Estuve de acuerdo. Lorenzo se encogió de hombros y dijo: “Destinatario equivocado”.

Dije que nuevamente no estaba entendiendo. Él explicó: “Cuando actuamos de esa manera mostramos que estamos más preocupados con nosotros que con los otros. Esa actitud demuestra que amamos por lo que vamos a recibir a cambio, siendo el otro un mero canal por donde retornará el amor que ofrecemos. Esto no es amor, es egoísmo. Es como si colocáramos una carta en el correo para nosotros mismos. ¿Qué sentido tiene escribir una carta para sí? El amor es un poema que redactamos al viento sin la preocupación de firmarlo. Los gestos nacidos en la pureza del corazón son los mejores versos escritos sobre el papel imperecedero de la vida. Es la poesía que se coloca en la botella lanzada al océano con la alegría de llenar el alma de quien la encuentre, sin cualquier otro interés. El amor para ser amor debe estar comprometido con la falta de compromiso ante la reacción del otro para devolver con la misma moneda. El amor que tienes no es el mismo que recibes, sólo el que tú das. El amor es una extraña mercancia que entre más autorizas su salida, mayor queda en tu depósito”.

Sostuve que amor es intercambio; todos quieren recibir en la exacta medida de lo que dan. El artesano meneó la cabeza y dijo: “Intercambio es comercio; amor es compartir la belleza y la alegría de la vida que pulsa en cada uno, sin pagos, tasas o tributos de cualquier especie. Como flores que plantamos en el borde del camino para adornar la vida de quien viene atrás, sin preocuparnos en si aprovecharán sus colores y perfumes. Amar es ofrecer la luz que nos habita para iluminar los sótanos oscuros del mundo sin presentar cuenta de cobro por el servicio prestado, o de lo contrario no es amor. Esa comprensión es un paso importante para liberarse de cualquier dependencia emocional o afectiva y, en consecuencia, terminar con todo sufrimiento. Pon atención y percibirás que sufrimos por celos, envidia, egoísmo y otros sentimientos menos nobles; nunca por amor”.

“Piensa en el sol que ilumina, calienta, renueva y permite la vida sin cobrarnos nada a cambio. De allí su grandeza y poder. Todo amor transciende en magnetismo, por ello todo y todos desean orbitar alrededor del centro generador. Así como el sol, cuando nada se pide a cambio, todo se tiene”. Hizo una pausa y complementó: “Esa es la extraña y fantástica ecuación de la vida que insistimos en no entender, entonces sufrimos”.

Insistí diciendo que siempre había oído que amor era intercambio. Lorenzo fue enfático: “Aprendiste errado. Si deseas eliminar el dolor necesitas salir de las clases del egoísmo y de los celos para frecuentar una nueva escuela”.

Argumenté que él se había enloquecido. Recordé la maravillosa sensación de sentirse amado. Él arqueó los labios con una sonrisa y dijo: “Estoy de acuerdo contigo, es muy buena y la deseo todos los días. Sin embargo, es exactamente en este punto que reside el peligro. Ese sentimiento es bueno y justo, sólo que no puede ser objeto y objetivo del amor que se ofrece, pues se torna una actitud egoísta que tiene como fin a sí mismo y no al otro. Entonces deja de ser amor y por esto sufrimos. Hay que estar atentos para que el destinatario del amor no sea el propio remitente, caso en el que la carta pierde el sentido y el amor se pierde en sí, dejando de existir”.

Le pedí que me volviera a llenar la taza con café. Toda aquella conversación era demasiado desconcertante y le confesé que tenía dificultad para asimilarla. Cuando pensé que Lorenzo aliviaría mi incomodidad intelectual, dio el ataque final: “Solamente en la infancia del alma insistimos en pensar que somos el centro del mundo, que el universo gira en torno de nuestro ego. De allí surge la palabra egoísmo. La consecuencia natural del egoísmo en el amor son los celos, un sentimiento tan fuerte que lo confundimos con el propio amor. Lo peor es que los celos están ligados a la sensación de inseguridad y a conceptos obsoletos de dominación”. Una vez más le pedí al artesano que se explicase mejor. Él fue didáctico: “La idea de que somos exclusivos y el centro del mundo nos hace creer que tenemos derechos absurdos sobre todo y todos. Usamos inadecuadamente la palabra ‘compromiso’ en nuestras relaciones para esconder los verdaderos sentimientos que nos mueven: celos y egoísmo. Nos volvemos dominadores por condicionamiento y educación equivocados. Al involucrarnos con alguien que nos trae alegría dejamos manifestar el miedo de su partida”. Hizo una pausa y comentó: “¿Cómo perder lo que no se puede tener?” En seguida dijo: “Nos ilusionamos al pensar que la felicidad apenas será posible si tenemos bajo control todo lo que nos envuelve y a todas las personas que juzgamos importantes para nuestra felicidad. Es la cuna de las prisiones. Domar genera dolor, domar gente trae inevitable sufrimiento. Sufrimos a causa de otros sentimientos, mucho menos nobles, y le atribuimos al amor una culpa que no le pertenece. Nadie sufre por amor”.

“Olvidamos la lección del sol, cobramos por calor y luz, agotando la alegría de quien orbita a nuestro alrededor. Amor no es exigencia o compromiso. El amor es el antídoto de ese veneno; es libertad y plenitud. Entonces genera el magnetismo que todo atrae”.

Quise saber lo que era necesario para parar el sufrimiento. Él levantó las cejas y dijo seriamente: “Con frecuencia sentimos un vacío existencial y tenemos dificultad de identificar el origen. Entonces procuramos a alguien que pueda llenarlo, transfiriéndole la responsabilidad de nuestra felicidad. Esta es la formula perfecta del fracaso y del dolor. En vez de recorrer el camino del autoconocimiento para curar las fracturas sentimentales que dificultan el seguir adelante; en vez de iluminar las propias sombras que nos impiden evolucionar al atribuirle a otros la causa de nuestras insatisfacciones, preferimos la facilidad del atajo de encontrar a alguien que nos solucione la insatisfacción que sentimos. En suma, creemos que amar es tener a alguien que nos haga feliz. Esto crea estancamiento, lo que a su vez nos hace personas monótonas; esto crea la dependencia que construye las prisiones sin rejas”.

“¿Qué tal invertir la ecuación? Asumir la responsabilidad absoluta ante la propia felicidad es estar listo para iniciar el Camino. Aceptar de manera honesta y valiente el proceso de conocimiento y posterior transformación sobre sí mismo es el primer paso. Librarse de hacer cualquier cobro en relación a los otros y enfocarse en la responsabilidad de compartir las virtudes que fructifican en el alma demuestra evolución y suelo fértil para que el amor florezca en el corazón. Esto trae ligereza; es la libertad del ser. Esto trae la paz; es la plenitud del ser”.

“Ese cambio, en realidad, es el rompimiento de la cáscara que nos impide ser enteros y que niega el amor en toda su dimensión. Es necesario renunciar a hacer cualquier cobro por el simple hecho de que nadie nos debe nada. Si proclamamos cualquier derecho sobre el otro, puedes estar seguro de que allí no existe amor. Si nos sentimos dueños o acreedores de alguien, puedes estar seguro de que no es amor lo que nos orienta. El amor se niega ante la dominación por ser libre en esencia. Los cobros pierden el sentido cuando entendemos que no son nada más que cartas que escribimos para el destinatario equivocado”.

“A partir del instante en que comprendemos que somos responsables por nuestra felicidad y que nadie nos debe nada, todo lo que nos es entregado, aunque sea pequeño, se vuelve un agradable regalo. Ningún árbol ofrece frutos fuera de estación. El amor exige paciencia. El amor deja brotar la compasión ante las imperfecciones ajenas al tener la humildad de saber que no poseemos la perfección para ofrecer”.

“Solamente cuando aceptamos que el destinatario de nuestro amor no somos nosotros, y sí los otros, sentiremos palpitar todo el poder y la fuerza del amor. Es el proceso de maduración de las alas que permitirán el vuelo hacia Tierras Altas. No hay otro”.

Permanecimos un tiempo largo sin pronunciar palabra. Quebré el silencio y, emocionado, dije que necesitaba irme. Yo estaba atrasado para reescribir todas mis cartas, pues no quería aplazar más un importante encuentro. Lorenzo sonrió.

Serendipia multinivel

“Me gustaron mucho tus historias”, decía aquel mensaje que estaba acompañado con una solicitud de amistad. Acepté la solicitud y me puse a revisar cada una de sus fotos, publicaciones y amigos, buscando que no sea un hombre, un travestí o alguien diferente a la hermosa mujer que aparecía en sus fotos de perfil…

Estaba sentado en su cama y ella estaba allí dormida dándome la espalda, levante del suelo su guitarra y me puse a afinarla…

“te molesta si toco algo de música”, dije apenas sentí que se movió… “nunca… pero ahora llueve… podemos escuchar la lluvia un rato…”, me respondió mientras torpemente apartaba la guitarra de mi para luego colocar su cabeza en mis piernas…

Puse gentilmente la guitarra en el suelo y centré mi mirada en ella un momento y mientras lentamente subía la mirada mi mente regresaba a aquella oficina a observar aquella pantalla donde sólo números se ven… No era más que un amargo recuerdo, de un tiempo que no puedo olvidar…

Me llego un mensaje de parte de ella, mi admiradora, alguien que probablemente me habría encontrado en sus amigos sugeridos, quizás buscando un conocido de una fiesta o de algún otro lugar y se puso a revisar justamente mi Facebook, leyó lo que escribía, seguramente porque no tenía nada más que hacer y justamente le han de gustar de manera tal, que sintió la necesidad de escribirme aquel mensaje.

“Gracias por aceptarme, ¿te puedo preguntar algo?” decía ella, “pregúntame” he de responder a la expectativa de iniciar aquella conversación con la que habremos de entrelazar nuestras vidas… Pero, aún más importante, revivir aquel momento perdido en el tiempo, en donde ella es aquella puerta al pasado, aquel barco que me ha de permitir navegar en contra de la corriente para poder aquel día reescribir…

“estoy trabajando en un proyecto de marketing por internet y estamos buscando personas que quieran ganar dinero en su tiempo libre y a través de Facebook…”

Me encuentro tocando suavemente su mejilla, en donde el sonido de la lluvia opaca aquellas palabras y extraños ruidos que hace cuando duerme…

Las paredes de su cuarto son azul claro y el piso se encuentra cubierto con un tapete azul oscuro. Ella me decía que había decorado el cuarto así, para parecer que está durmiendo tranquila en mitad del océano… Aparto mi mirada de ella y veo como la guitarra comienza a flotar lejos de nosotros en lo que parece ser agua… Cuando la guitarra finalmente se pierde en el horizonte, despierto en camino a visitarla.

Siempre limpio un poco y coloco nuevas flores cuando voy, me siento sobre aquella fría placa de mármol y le hago un resumen de lo que ha pasado, desde la última vez que hablamos… A veces me voy intranquilo y sintiéndome mal, nunca le pregunto cómo le está yendo en su vida amorosa…

Sunt Amantes, sunt

No pude hacer nada… Aquella perfecta noche, que habría de ser exitosa por su bajo costo y la inmensa felicidad de estar con ella, la única persona que trae algún tipo de calor y confort a mi alma, terminó con un agrio sabor al ver como el último bus en dirección a mi casa, partía sin mi.

Me volví en aquel hombre, incapaz de moverse, incapaz de pensar, mientras veía como el aquel bus se iba escondiendo en aquella calle oscura, aquel domingo a las 10:15 p.m. sin esperanza de alcanzarlo en la siguiente parada …

No todo fue malo, un policía al ver mi intangible derrota, puso su mano en mi espalda y me dijo, vamos, yo te acompaño a coger taxi, es lo único que puedes hacer ya. Y mientras caminábamos solos en aquella calle, no podía parar de contar los últimos 2mil pesos que tenía en el bolsillo…

Como más iba a terminar la noche, si no es conmigo profundamente derrotado, el comenté al policía, Se supone que me fui temprano del lado de ella, para poderme ir en bus, pero al no lograrlo, solo terminé gastando dinero no tengo y pasando menos tiempo con ella… el policía, en silencio, no hace nada diferente que mirar hacia adelante… él sabe tanto como yo, que no hay consuelo al llevarme la peor de las posibilidades en el cierre de la noche…

Me despedí del policía y mientras subía a un sucio taxi, donde el conductor olía a licor, mis ojos se cerraban intentando revivir aquel dulce abrazo y suave beso en la frente que me dio cuando nos despedimos…

Quizás es la muerte quien espera por mi, me dije a mi mismo reconfortado cuando él comenzó el recorrido a mi casa, pero luego de llegar, y tenerle que pedir la plata prestada a la señora de los perros, me pude dar cuenta de que nada fue más que un sueño…

Mi mirada estaba perdida aquel lejano cielo, donde al parpadear no hice más que despertar en este purgatorio, solo y sin música de fondo….

LA MADREMONTE

Tarde, pero llegó. En la noche de hoy les traigo parte de nuestra rica tradición oral, compartiré a continuación el mito de la Madremonte. Espero lo disfruten tanto o más que yo.

Los campesinos describen a la Madremonte de diferentes formas: a veces aparece como una mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, que vive en los nacimientos de los riachuelos y cerca de grandes piedras. Generalmente aparece en zonas de marañas y maniguas, con árboles frondosos y en regiones selváticas.

Algunos la describen con ojos brotados como de candela, colmillos grandes como los de los sainos, con manos largas y una impresionante expresión de furia, vestida siempre con chamizos, hojas y bejucos. Otros la describen como una mujer alta, corpulenta, elegante y vestida de ramajes, hojas frescas, frondas, bejucos y de musgo verde y con un sombrero alón cubierto con hojas y plumas verdes; su cabello esta cubierto con lianas y musgo que no le dejan ver el rostro, y también, por que el sombrero con tantas ramas opaca la cara. A veces aparece en los rastrojos convertida en una zarza tupida en movimiento que observa con rabia a los humanos que pasan por la selva o los montes.

La Madremonte ataca cuando hay grandes tempestades, viento, inundaciones y borrascas que acaban con los sembrados, las cosechas y los ganados. Los campesinos cuentan que oyen sus bramidos y gritos infernales en noches tempestuosas y oscuras. A veces escuchan un quejido agudo, profundo y penetrante, el cual se expande misteriosamente en la manigua, en medio de los truenos, rayos y centellas. Algunos campesinos creen que las inundaciones y borrascas de los ríos se deben a que la Madremonte se está bañando en el nacimiento de las quebradas; así esta agua se enturbia.

Las múltiples descripciones encontradas nos muestran la riqueza fantástica con que pintan a este legendario ser que tiene una relación con el espíritu ecológico de nuestros campesinos, hasta hace algunos años cuando aún no se había despertado su afán desmedido de acabar con la selva para convertirla en inmensos caturrales o cultivos de pasto, donde los árboles dejaron de iluminar el paisaje con la soberbia de sus follajes reverdecidos.

SORTIL

Iba por la calle ahorita caminando mientras volvía de ver liga de la Justicia, luego de la Biblioteca y cada gotica de agua que me caía me hacía pensar lo bonito que ha sido haberte conocido y conocer a cada persona. Fue un encuentro inesperado, un regalo de los sucesos y me sonreía en cada paso, lo que te he escrito y lo que te deseo escribir, mis ideas y mis momentos ahí van y sé que los guardas, no sé con qué fin, pero los guardas y te sacan una sonrisa, quizá tan grata como la que yo tengo ahora mientras te escribo (En el desconocimiento hacia ti y toda la inspiración que eres) o como la que tienes cuando te ves en un espacio que acoge y regocija lo que quieres y quién eres, es la magia que hacen las ideas. La magia de las gotas está en brindar esa claridad para pensar y en construir momentos cliché o hermosos, yo digo de inspiración absoluta. Y es queme inspiras cada instante, cada paso, me hallo en lo bonito que es haberme topado con tanta calidad humana, esa que brota y no necesita que hayan mil encuentros y millones de segundos compartidos para tener todo plasmado, al menos todo lo bello que no solamente se refleja en el horizonte.

Quizá en el silencio haya una gran perfección, pero en los acordes que genera la lluvia hay un no sé qué, una loca melodía que perfectamente se refiere a todo lo que quisiéramos mostrar… quizá es un silencio mejorado o un silencio más paciente y menos exigente, no sé, la verdad no sé de dónde tanta vida, tanta lucidez para expresar y a la vez sin la capacidad de hacerlo, me desborda, es bello, encuentro en la Lluvia lo que todo niño, joven, adulto debería que son nuevos tiempos, esos que dicen que el amor no es la excepción al decir que se debe todo volver a intentarse, que la música la puede hacer cualquier alma con necesidad de arte…

Día 13: Hagamos otro Trato

Un trato justo. Algo, que aún no sé que es por una sonrisa tuya. Quizás un poema, de 1 hoja, a mano y con pulso firme. Tal vez, un dibujo, donde delinee con firmeza y soltura tus rasgos. Quizás una canción donde exprese lo que haces sentir. Mientras más lo pienso, comprendo que tu y el arte comparten significado. Sin saber que más ofrecerte recurrí a medidas desesperadas y decidí ofrecerte mi tiempo. Con el podría hacerte canciones, dibujos y poemas, y quizás no obtendría sólo una sonrisa. Así pues, te ofrezco mi tiempo para que hagamos de el, arte.

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