GUÍA PRÁCTICA PARA AMAR EN UN DÍA COMO HOY

Amar como la luna cuando es creciente y viene con ganas de comenzar ciclos,

Amar como la luna cuando está llena, redondita y brillante y lo ilumina todo;

Amar como la luna cuando es menguante y parece cansada,

Amar como la luna cuando es nueva y no se ve, no ilumina pero ahí esta;

Amar como la luna que está ahí para los lobos solitarios;

Amar como la luna orgullosa de sus habitantes así su gentilicio sea despectivo,

Amar como la luna inseparable que gira y gira y gira y gira alrededor de tierra;

Amar como la luna que mueve las mareas,

Amar como la luna que inspira a los gatos sonatas en miau menor para sus amadas felinas.

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ME ENAMORÉ

Me enamoré de una dama. Una dama de vestir formal, de sonrisa franca, de porte sensual y mil cosas más. Me enamoré de una dama, capaz de mover estrellas, de iluminar soles. De ella, hasta las orquídeas sentían celos. Me enamoré, perdidamente, aunque con toda mi entereza. Aunque mi alma deseosa de ella, clamaba por verla, mi mente la respetaba tanto que me dedicaba a escribirle. Me enamoré de una dama, capaz de plantear sus metas y seguirlas, capaz de demostrar el empeño de una guerrera, la dedicación de un sabio y el cariño de una madre. Admiro a esa dama, mi alma lo hace, mi espíritu también. Espero, poder algún día demostrar lo grandioso de su ser, la luz de sus ojos, la vibración de su alma, tan solo con mis letras. Así al menos me sentiré que le he devuelto al mundo un poco de la belleza que he apreciado de ella. Me enamoré de una dama, desde la primera vez que la vi y mientras más conozco de ella, acepto qué, quizás mi ser ya no tenga salvación alguna. Para qué, si ella es un cielo.

INSTRUCCIONES PARA DAR UN BESO:

Lo primero que debe hacer es enamorarse o por lo menos encontrar a quién. Vaya a un lugar privado o busque una calle, un parque, unas escalas, un bosque, una acera o un ascensor. Cualquier lugar es apropiado desde que no pierda de vista la intención. Inicie de una manera clara y desapercibida poniendo un tema que sea jovial, es decir, no hable con atropello, desencanto o sin razón. Vaya despacio, no haga promesas y ni se le ocurra mentir. Utilice la jocosidad, pero con mesura, para que no sacrifique el momento. Fíjese bien en sus ojos, descienda por la puntica de la nariz, pero no se acerque mucho a su boca, vaya a las mejillas o quédese en el mentón. Disimule mirando su cuello, sus hombros o incluso sus brazos. Pero no se desvíe demasiado en lo que pueda ser motivo de distracción. Y acérquese algo más, aunque sin provocar nervios o desazón. Concéntrese, conserve la calma, mire bien sus ojos y con valentía busque sus labios; no lo dude; hágalo, siéntalos con suavidad y no los presione mucho; saboréelos como si fueran un delicioso dulce de chocolate, fresa o melocotón. Cierre sus ojos para que no cause susto; entreténgase, despacio, lento; piense que es el primero y el último beso de su vida. Vaya de extremo a extremo, pero sin afán y por nada del mundo utilice su lengua, porque puede ser peligroso. Mejor, interrumpa, disfrute de su rostro y sobre todo de su mirada, y hágalo de nuevo; acérquese con más naturalidad, con la seguridad de que esta vez el cielo le será más próximo, pero no se exceda, guarde algo para después, porque es mejor dejar la sed y no levantarse tan saciados como para no volver, al fin y al cabo un beso no es más que otra manera deliciosa de vivir.

Intro

1

“En aquel día de luna azul de septiembre

en silencio bajo un joven ciruelo

estreché a mi pálido amor callado

entre mis brazos como un sueño bendito.

Y por encima de nosotros en el hermoso cielo estival

había una nube, que contemplé mucho tiempo;

era muy blanca y tremendamente alta

y cuando volví a mirar hacia arriba, ya no estaba.
                               2

Desde aquel día muchas, muchas lunas

se han zambullido en silencio y han pasado.

Los ciruelos habrán sido arrancados

y si me preguntas ¿qué fue de aquel amor?

entonces te contesto: no consigo acordarme,

pero aun así, es cierto, sé a qué te refieres.

Aunque su rostro, de verdad, no lo recuerdo,

ahora sé tan sólo que entonces la besé.
                                     3

Y también el beso lo habría olvidado hace tiempo

de no haber estado allí aquella nube;

a ella sí la recuerdo y siempre la recordaré,

era muy blanca y venía de arriba.

Puede que los ciruelos todavía florezcan

y que aquella mujer tenga ya siete hijos,

pero aquella nube floreció sólo algunos minutos

y cuando miré a lo alto se estaba desvaneciendo en el viento.”