A MI SERENDIPIA

Perpetua sensación de amanecer,
amanecer,
y amar nacer,
dentro de otro sueño,
¿Seré yo quien sueño,
este sueño que me habita?
¿O será la mujer de mis sueños
quien me sueña,
y yo solo otro fantasma
que naufraga en el verdor de su cuerpo,
que se refugia en el calor de sus mejillas?
Inmarcesible inercia de Surcar,
surcar,
y surcar,
por los confines de los universos
que se emanan de sus poros
si la beso,
Se deshace en mi boca
Como un diente de león,
Cuyas mariposas van a juntarse dentro de mi abrazo
Y toda ella es una noche blanca,
Y sus lunares son estrellas negras,
Que van formando un mapa,
Para hallar la razón primera,
la explicación al todo,
Hacen constelaciones que cuenten
La mitología de lo primero:
De porqué ardo si me mira,
de porqué llueven nuestras bocas
Cuando los árboles del alma están en cosecha
De porqué me deshago a suspiros en su mano
si nos sembramos sobre la arena.
Escatológica suerte de depertar,
despertar,
y despertar,
sobre el alba despuntante en mi ventana.
Mis sueños (o los suyos)
caen en dominó,
hasta el sueño de un tercero,
y más allá de la furia
y más allá de la magia,
está sentada en mis labios,
por si la nombro,
como dispuesto
a naufragar despierto.

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