Antes de venir

​¿Ella se irá entonces? Él no podrá decirle que no asesine más las flores del jardín del camino de la casa de su abuela a la casa de él, esas flores crecerán, y se pudrirán indemnes antes las adversidades, no habrá más enamorados, ni 15s de septiembres. Acaso es una broma del destino, ¿si no era para siempre entonces para qué?  

La noche se quebrará en dos, y no sé cómo se repartirán las constelaciones, si ninguna historia se escribirá de ellos. Qué patético pretender acercarse, y más aún, qué extraño tenerse paralelos, la confluencia de dos dimensión, y el cruce prolongado de miradas, como vórtice sui generis, concluido con alguna sonrisa de ella, de esas que no necesitan ser corteses. 

Él le delegaría todas las constelaciones, pues le bastaría con ella, con su voz,  para salpicar la noche blanca. 

Ella le cantará al alba, y el murmullo de mejillas, bañará las flores que no volverá a cortar.

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