POETAS

​Al poeta le olvidan fácil. El tiempo se encarga de él, a veces el cambio, otras veces otro de su gremio, o simplemente la vida. Pero aquél poeta de mano sincera, que escribió en las noches más solitarias sus obras en papel, que describió el cielo y descendió al infierno, que le dio forma al vapor de las nubes y entre andanadas de significados diversos construyó a un ser magno. Ese pobre jamás podrá olvidar a su poema, aunque quisiera, aunque pudiera. Y si la vida por juegos crueles así lo decidiera, aquél hombre tendría en su olvido un sufrimiento aún mayor que la tortura del recuerdo de ese poema que tenía ojos bellos.
De ironías está hecha la vida. De sarcasmos y pifias, de burlas, de humor negro. Pero, sin duda, este es el mayor descaro. Musa que olvida, poeta que recuerda. Vida que sigue, muerte que llega. Y aún así, bien muerto sigo viviendo.

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