AMAR

​Sin embargo, uno puede amar en cualquier momento del día y circunstancia de la vida, amar sin razón ni apariencias, no hay una excusa para amar, es así, tautológico. 

Uno podría, por ejemplo, amar en todo lugar y con el trinar del pájaro, o el tronar del cielo, incluso con el vociferar del viento, el abrazo del Sol, el tiritar de la estrella.

Amar en la desesperación y la miseria, en el hambre y la guerra. Amar el miedo que se alberga en el vientre, para desprenderse. Amar la vergüenza y limpiarla, amar la decidía y curarla.

Amar cada manifestación material y espiritual, la piedra que tiran y  estalla la boca en sangre, el gusano que recorre y carcome a tus congéneres humanos y que luego carcomerá tu templo, tu cárcel, tu vehículo cárnico. 

Amar como campo y arma de batalla, para  combatir en la vida.

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EL ENANO

​Messi
Messi es una persona increíblemente simple: le gusta jugar fútbol y ya. 
Le han buscado por todos lados que opine de política, de liderazgo, de plata, de economía, de literatura, de moda y nada; responde parco y displicente cuando no es de fútbol. Y cuando es de fútbol, también, él está para jugar. 
Hace un tiempo me molestaba un poco eso, esperaba siempre de él algo más. Pensaba, “Hombre, tener tantas cámaras encima y no aprovecharlas para ‘algo más’, qué desperdicio!”.
Ya no me importa. Tanta habladera en el mundo hoy, tanta opinadera, empezando por la mía, va cansando. Messi se calla y juega que es lo que sabe y le gusta hacer. Lo hace siempre lo mejor que puede, ha ido madurando su juego, acoplándolo a un cuerpo más viejo, le pegan y juega, pocas veces pelea, no simula nunca. No se distrae, el va a jugar, la final y el partido de primera ronda, siempre está. 
Ha ganado casi todo. Su personalidad es diametralmente opuesta a la de dos referentes claves en su carrera: Maradona y Cristiano Ronaldo. A esos tres los admiro. He aprendido a entender a cada uno en su estilo, en sus defectos. Genios con un balón en los pies, humanos llenos de defectos lejos del balón. 
Messi llora hoy. No lo había visto así de triste nunca. Seguramente no sabe y no le importa que un compatriota suyo, un tal Borges, dijo, “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”. No se refería Borges, por supuesto, a la derrota en el fútbol; para Borges, el fútbol era una estupidez, los hinchas estúpidos. Borges, como Messi, era simple, el estaba para escribir y leer y no más. 
Hay algo mágico en las lágrimas dignas de Messi. Muestra la fragilidad de los que más han ganado. Eso está bien.
A Messi no le importa nada lo que digan de él hoy. Está ya pensando en el próximo partido, estoy seguro.
En un mundo tan disperso y superficial, Messi es el símbolo de la posibilidad de dedicarse absolutamente a una sola cosa con cuerpo y alma. Es prueba de la máxima concentración a la que puede llegar un ser humano. 
Yo espero que un día alce una copa más con la camiseta de Argentina, la merece.

​El Caos


Generalmente usamos la palabra caos para referirnos a situaciones de desorden y confusión en el mundo o en nuestras vidas. En diversas tradiciones mitológicas el caos significa un vacío informe e ilimitado que propició el surgimiento del universo. En la tradición platónica es un estado de desarmonía que precede un nuevo orden. El I Ching enseña que el caos trae la tempestad que le permite a la vida florecer nuevamente. En la Física el témino es utilizado para explicar un sistema dinámico que evoluciona de acuerdo a la Ley determinista, sensible a pequeñas alteraciones iniciales. De cierta manera todas las definiciones se encajan. El caos es una palanca para la evolución personal y de toda la humanidad.

La ley de la evolción es inexorable. Avanzamos por gusto o imposición, lo que define el grado de dificultad y el tiempo del proceso. El entendimiento y las elecciones determinan en cada uno los dolores y las delicias de la travesía.
La vida avanza en ciclos. Ella es un gran ciclo compuesto de innúmeros  ciclos menores, que se comportan como escalas de aprendizaje en el infinito camino hacia la Luz. Si miramos hacia atrás y prestamos un poco de atención no tendremos dificultad en identificar diversos ciclos  ya vividos. La casa de los padres, situaciones académicas, profesionales, afectivas, paternidad o maternidad, lugares diferentes en los que vivimos, son ejemplos fáciles de vislumbrar, siendo que cada uno de estos ciclos puede subdividirse en otros. Cada ciclo contiene una lección esencial para el nuevo tramo de la jornada en el que podemos ser mejores y diferentes para enfrentar nuevos retos. Cuando nos rehusamos a aprender la lección el ciclo se repite infinitamente, como si el tren diera una vuelta en circulo para volver a la misma estación. ¿Quién ya tuvo la sensación de repetir muchas veces una misma situación, como si fuera un libro ya leído? ¿Te has preguntando por qué aquel conflicto es tan recurrente? Son señales de que estás aprisionado en un ciclo. La vida es antagónica a cualquier tipo de prisión. Sí, la vida es un artesano que te moldea para que seas libre. Para que la página se voltee definitivamente es necesario darnos cuenta de lo que se necesita aprender y modificar; entonces el ciclo será finalizado y otro se iniciará. El fin de un ciclo es necesariamente el inicio de otro nuevo.  
Muchas veces permanecemos estacionados en un ciclo por comodidad o adicción. Consciente o inconscientemente sabemos lo que debe ser modificado, pero nos falta fuerza, voluntad o dignidad. Entonces surge la figura maravillosa del caos como si fuera un poderoso martillo que derrumba viejas formas y conceptos.  El viejo mundo queda destruído para que el nuevo pueda ocupar su lugar empujándonos hacia la evolución.
Al inicio lo desconocido trae miedo e instala desarmonía en las mentes aún infantiles con la falsa e ingenua sensación de que es el fin del mundo, cuando en realidad es apenas la persona de la limpieza arreglando el desorden, botando la basura para reordenar la casa de manera diferente y mejor. Un nuevo universo comienza a abrirse. Como los dedos del caos son largos, en aquel momento no podemos entender exactamente lo que  nos trae, provocando que la inseguridad domine las acciones. A menudo las personas se desesperan. 
No obstante, sabemos que gracias a la destrucción provocada por el caos relaciones adictivas son deshechas para que nuevos lazos surjan, basados en sentimientos e ideas más nobles; empleos desaparecen para forzar el rescate de dones y talentos adormecidos que, despertados por el ruido del colapso, terminan alejando la amargura al presentar nuevas y, hasta entonces, desconocidas pinturas que comenzarán a colorear el camino del viajero. La invitación hecha por la muerte trae sentido a la vida en mentes distraídas; el horror de la guerra muestra el valor de la paz. Basta prestar atención, las lecciones están a disposición por toda parte.
Entender y aceptar que todo, absolutamente todo, lo que sucede en nuestras vidas es para nuestro bien es un concepto extraído de casi todas las tradiciones y es una de las lecciones instauradas en el caos. Sólo el distanciamiento propiciado por el tiempo y la claridad de ver, fruto de una consciencia libre y ampliada, nos permite entender y agradecer lo que la hoguera del caos incineró en nuestras vidas. 
El universo nunca va a confabular con el estancamiento.

VIENE LA PAZ

​Este es un país de una tristeza y miseria punzantes, por donde se escarbe hay dolor, desdén. Sin embargo desde ayer lo único que leo son mensajes que me han enternecido y conmovido profundamente, la esperanza y la alegría se infiltrado en las letras de conocidos y no conocidos. Necesitábamos eso, sentir por un día que vale la pena nacer en este suelo y que entre colombianos podemos abrazarnos de nuevo.

Quiero el día de hoy agradecerles a absolutamente todos por creer. A los que han aguantado hambre, frío y lágrimas por este sueño. A los que siempre le han plantado una sonrisa a la muerte, a los que se han caminado este país en bus, a pie, en mula. A los que no renunciaron y no renuncian. A las Mirabal de antes y a los de ahora, son el indiscutible amor de mi vida, a esa cosa tan inmensa y valiente que es la Coordinadora Idea. A cada estudiante, obrero, campesino, prisionero, mujer, joven, indígena, afro, profesional, artista, que ha aportado aunque sea un minuto de su tiempo para que nosotros alcanzáramos a ver este día. 

Esta es una victoria nuestra, nuestra ha sido la sangre que se ha derramado en esta guerra y nuestra es la alegría de acabarla, sigan sonriendo, escribiéndole cartas a sus hijos y padres, el día de hoy nos merecemos eso, mirarnos con el de al lado abrazarlo y llorar un poquitico porque lo que hemos logrado es indiscutiblemente grande.

El último día de la guerra yo siempre lo soñé de fiesta y adornado con banderas y gente vestida de Colombia en las calles, “todo diablo tiene su suerte” dicen por ahí y ayer la casualidad me regaló ese gusto. Hoy que no se acabe la parranda. El país bonito ya viene.

¡A que ganamos!

POETAS

​Al poeta le olvidan fácil. El tiempo se encarga de él, a veces el cambio, otras veces otro de su gremio, o simplemente la vida. Pero aquél poeta de mano sincera, que escribió en las noches más solitarias sus obras en papel, que describió el cielo y descendió al infierno, que le dio forma al vapor de las nubes y entre andanadas de significados diversos construyó a un ser magno. Ese pobre jamás podrá olvidar a su poema, aunque quisiera, aunque pudiera. Y si la vida por juegos crueles así lo decidiera, aquél hombre tendría en su olvido un sufrimiento aún mayor que la tortura del recuerdo de ese poema que tenía ojos bellos.
De ironías está hecha la vida. De sarcasmos y pifias, de burlas, de humor negro. Pero, sin duda, este es el mayor descaro. Musa que olvida, poeta que recuerda. Vida que sigue, muerte que llega. Y aún así, bien muerto sigo viviendo.

POETAS

​Al poeta le olvidan fácil. El tiempo se encarga de él, a veces el cambio, otras veces otro de su gremio, o simplemente la vida. Pero aquél poeta de mano sincera, que escribió en las noches más solitarias sus obras en papel, que describió el cielo y descendió al infierno, que le dio forma al vapor de las nubes y entre andanadas de significados diversos construyó a un ser magno. Ese pobre jamás podrá olvidar a su poema, aunque quisiera, aunque pudiera. Y si la vida por juegos crueles así lo decidiera, aquél hombre tendría en su olvido un sufrimiento aún mayor que la tortura del recuerdo de ese poema que tenía ojos bellos.
De ironías está hecha la vida. De sarcasmos y pifias, de burlas, de humor negro. Pero, sin duda, este es el mayor descaro. Musa que olvida, poeta que recuerda. Vida que sigue, muerte que llega. Y aún así, bien muerto sigo viviendo.

LAS PUERTAS DEL CIELO

Un guerrero, un samurai, fue a ver al Maestro Zen Hakuin y le preguntó: “¿Existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde están las puertas que llevan a ellos? ¿Por dónde puedo entrar?”.

Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes, sin matemáticas. Sólo conocen dos cosas: la vida y la muerte. El no había venido a aprender ninguna doctrina; sólo quería saber dónde estaban las puertas, para poder evitar la del infierno y entrar en el cielo. Hakuin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía haber entendido.
“¿Quién eres?”, le preguntó Hakuin.
“Soy un samurai”, le respondió el guerrero. En Japón, ser un samurai es algo que da mucho prestigio. Quiere decir que se es un guerrero perfecto, un hombre que no dudaría un segundo en arriesgar su vida. “Soy un samurai, un jefe de samuráis. Hasta el Emperador mismo me respeta”, dijo.
Hakuin se rió y contestó: “¿Un samurai, tú? Pareces un mendigo”.
El orgullo del samurai se sintió herido y olvidó para qué había venido. Sacó su espada y ya estaba a punto de matar a Hakuin cuando éste le dijo”: Esta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren la puerta”.
Esto es lo que un guerrero puede comprender. Inmediatamente el samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto y Hakuin dijo: Aquí se abren las puertas del cielo”.
El cielo y el infierno están dentro de ti. Ambas puertas están dentro de ti. Cuando te comportas de forma inconsciente, estás en las puertas del infierno; cuando estás alerta y consciente, estás en las puertas del cielo.
La mente es el cielo, la mente es el infierno y la mente tiene la capacidad de convertirse en uno de ellos. Pero la gente sigue pensando que existe en alguna parte, fuera de ellos mismos… El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren… en un segundo se puede ir del infierno al cielo, del cielo al infierno.