Sos

Sos la duda que comienza,
la certeza que no espera.
Sos el olvido que no llega,
los recuerdos que arraigan.
Sos las palabras apiñadas,
el desierto hecho garganta.
Sos la mirada esquiva,
la sonrisa fugaz,
el preludio de un beso,
el abrazo que eleva.

Sos el infinito de un renglón sin escribir,
Sos la ansidad al escrbir
El bumbum taquicardico.
Sos una noche con luna llena,
un insomnio sin afán de sueño,
un café a las 3 de la tarde en jornada de 8 horas.
Sos el crepitar del ajo en el aceite,
el bullir de una sopita pal guayabo
encontrar comida hecha llegando a casa

Sos voz que encanta, sos vos que me encanta…. Si sos vos.

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Leerte

Podría escribirte toda la noche, o simplemente mirarte. Hoy, atrevido a todo, he decidido acariciarte. No por libido, o por simple tacto, tampoco por sensualidad. Deseo acariciarte para conocer tu textura, para sentir entre mis dedos cada imperfección de tu piel, cada surco, para sentir el calor que irradias y porque no, un poco de tu alma. Esta noche, no voy a escribirte ni a mirarte, voy a cerrar los ojos y ocupar mis manos para conocerte. Hoy voy a leer en Braille tu ser.

Larry historias alternas

Mi primer encuentro con su mirada fue por correspondencia. Cuando el cartero por negligencia dejo un paquete que contenía un dibujo suyo hecho a carboncillo. Procuré regresar el dibujo, al remitente que aparecía apenas legible en el mosaico de papeles que conformaban el antiguo sobre. Había confirmado la existencia de ojos celestiales, demoníacos, increíbles, que buena impresión tenía. Una tarde soleada pasaba cerca del lugar de residencia del remitente, entonces decidí pasar a retornar el retrato a carboncillo a su dueño previo. Toqué tres veces la puerta y cuando por fin desistí y me dirigía a la calle escuche a lo lejos un grito que exclamaba ‘un momento, ya voy’ al cabo de unos segundos sonaron los cerrojos y se abrió la puerta a entre abrir, asomándose un rostro. Era ella! Y sus ojos no eran lo que yo creía, no eran la maravilla que había pensado. Eran, sin duda, aun más increíbles. Titubee un rato, hasta tartamudee, al final, le confesé el motivo de mi visita. Justo antes de que contara que era la segunda vez que ella se bañaba, pues el calor era insoportable y la desquiciaba un poco, por eso estaba en toalla y con el pelo húmedo. Me negué a aceptarle las disculpas que me ofreció mientras yo le ofrecía las mías. Pensaba ‘que ojos tan lindos’ y temblando le entregue el dibujo. Me agradeció varias veces, hasta nos presentamos. Ya sin más excusa para verle, me despedí y ella respondió igualmente. Un escalón, dos escalones, tres escalones y escuche de nuevo un ‘muchas gracias’ entonces, me llené de valor y le dije ‘quizás podamos tomarnos un café algún día para contarnos bien esta anécdota’. Cagado de pena, me entumecí del talón a la coronilla y el tiempo pasó en un instante. Solo recuerdo tener un papel con su número anotado y despidiéndose con una sonrisa y un, llámame pronto. Creo que sus ojos eran los de medusa, porque me quedé petrificado al instante…me desperté a verte, deseo verte pronto Caracol con hermosa figura e historias infinitas.

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Vi

Bueno en tal caso la laguna la inundó el río de la imaginación y no el río de la desazón. Sus causes ambos arribaban ahí pero uno se elevaba a la laguna mientras el otro nada más caía, como una mala razón en una familia de ideas.

Era triste lo que a ésta le tocaba sufrir, triste, tanto que la pereza fue quién actuó y encaminó vicios a que desviaran éstos ríos…la pereza se quitó la pereza y actuó, alta razón hay que darle que una madre al ver a un hijo en peligro todo lo cambia, la imaginación es un hijo y ya ves.

Escri…

“Ya escuché demasiado tu silencio, amor. Caminé por las cenizas que encontré de tus besos. Fuiste la luna de día, la muerte de la primavera, las rosas y el adiós. Ya comprendí la historia, no era un final apresurado, tú eras las letras y las hojas y mi tinta no pudo capturarte en prosa. Ya intenté lo imposible, anduve por los vacíos campos de tu recuerdo, pinté tu aroma en el lienzo mientras tú te pintabas con otros cuerpos. Ya fui testigo de tu nombre  y la cura de tu enfermiza manía de irte sin explicarlo. Ya escuché demasiado tu silencio, amor, porque soy tu reto personal del olvido que no has podido encontrar”

ANTIYO

A veces me entra:
la insondable tentación
de buscarme Antihéroe, Anticristo
AntiDios, antipoeta;
el capricho de devorarme
el raciocinio de un trago;
Sacar a pasear al Minotauro,
ser el más vulgar de los animales;
Caer en el pavimento más sucio,
Y lamerlo, hasta que pase
Cualquier cosa que estalle
Mis órganos.

Una intranquilidad visceral me recorre;
Estrella y arrincona
a cada fluido mío contra la dentadura
Y sale una risa oxidada y enfermiza
Como verde pantanosa.
Unas ganas incesantes de derrumbar
todo el sistema de argumentación que he creado
para seguir en la superficie de lo bueno.
Ellos, mis fluidos, quieren experimentar,
qué se siente el mundo afuera
Llegar a las profundidades de la estupidez y la fealdad
De las tonterías humanas, la ignominia, la farsa
vomitarme al inframundo.

Dejar que los gallinazos lleguen
a arrancarme los ojos,
y con sus jeringuillas penetren,
lo orgánico, la carne de la carne, y picoteen
con sus putrefactos labios mi lengua
Fumarme las masacres del barrio,
Follarme en un altar la miseria
que cada puta lama cada dedo de mis pies
convocar a Mahoma, a Jesús
a Krshna, a Buda, a hacer una orgía;
Y hacerme un chaleco
con las sarnas de los perros callejeros;
Robarle a los mendigos sus sudores
Y flatos, la mugre de sus uñas,
Sus monedas untadas de costras,
Y dejarlos como ríos de sangres sobre
El asfalto.

Pero siempre tranquilo,
De no pertenecer a eso.
saber que puedo volver
a la comodidad,
A mi mundo, a mi amada,
Mi pantómima orgásmica
La tragicomedia de mi estirpe
de mis castillos de polvo
De mi burbuja polarizada.