LUZ ENALTECIDA

La luz era terca. Se empeñaba en enfocarle los ojos para demostrar que no eran negros del todo, sino muy muy oscuros. Estaba enamorada, esa luz de esos ojos, pues eran tragaluces usados para iluminar un alma inquieta, interesante. Trataba entonces de besarle, millones de veces a la vez, una vez por cada fotón. Pobre luz.
Pero le comprendo perfectamente, porque desde la primera vez que la vi, incluso antes, ya no quise girar mi cabeza y enfocar otra cosa más que esos ojos que no eran negros, sino muy muy oscuros.

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