DÍA 34: YA SOLO ESCRIBO

Cobrizo y a veces color fuego, lacio pero con ondulaciones esbeltas a la altura de su hombro. Fácil describir el cabello de aquella dama a la que suelo escribirle. Sin embargo, nada más lejano de la realidad, nada más engañoso, no hay mayor falacia, al decir “fácil describir”. Ciertamente su cabello era así, en el sentido más estrictamente simplista y vago, pues cuando el sol entraba al juego ya esa descripción carecía de sentido, cuando el viento se unía a la fiesta la forma como los mechones danzaban, ondulaban y vibraban, es, sin más, imposible de describir. O tratar de explicar la sensación que sienten mis dedos cuando como peine los paso por su sedoso y suave cabello. Ay dios, he tenido pocas experiencias tan aterradoramente inquietantes como ella, y de entre todas las hermosas cualidades una de las que menos puedo explicar con punto y coherencia es ese cabello, hilado de oro, de lava, de sol, de viento, de diosa.

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