Enemigo (A la amiga de muchos años)

Ni la tempestad de tu cuerpo podría devolverte este beso,
que de mi mente brota en las noches de tu ausencia.
Ni podría liberar de esta condena al pobre escritor que tomaste,
cuando por su tinta pasaste y de su prosa abusaste.
No podría la noche compartir una estrella, ni el viento resonar en tu ventana,
si de la pluma eres dueña y del dueño, la muerte.
Y yo ya no estoy tan presente, porque me quedé tuyo, como mío este beso.
Ni mi mente, ni tu ausencia, entienden esta muerte, cuando te llevaste mi pluma y también una estrella.
¿cómo te hayas, bella? entre olvidos y caminos, siendo el color de las rosas y yo, siendo enemigo.

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