FUEGO, NOCHE, LUNA

Fuego y noche se amaron en un tiempo. Atrapado en una fogata, atrapada en el cielo. El le coqueteo con su lumbre, ella lo sedujo con las estrellas. Él le susurró con el sonido de las brazas explotando, ella se ocultó tras las nubes apenada, cautivada. Se unieron en el vaho del viento y en la umbra hicieron algo que los hombres llamaban amor. No obstante el fuego ennegreció y se convirtió en brazas, luego la noche se iluminó y se convirtió en día. Fuego y noche se amaron alguna vez. En el nicho donde yacían las cenizas del primero el olor permanecía y cuando llegaba la hora la noche salía a recordar a su amante idóneo, eterno, pero fugaz.

Lloró estrellas fugaces la pobre noche, que sin alma no sabía como ocultar su dolor. Durante un eón salió sin ganas, durante un eón vagó por ahí. Entonces un día, del cielo, por tanta lluvia, por tanta lágrima cayó un rayo. Cruzó el firmamento desde lo alto hasta la tierra y se descargó contra un madero. Así, volvió a nacer el fuego que amó a la noche de nuevo. Éste temiendo su muerte, su fin, su extinción, miró al sol, al gran fuego y le propuso un trato. Un regalo para su amor, para la eterna noche que vagaría sin rumbo durante eones por la tristeza de la partida de su amante. Entonces de la misma tierra brotó una roca, la colgaron en el cielo, allí mismo donde las estrellas yacían, el sol la iluminó con su fuego y el señor fuego le dio su último suspiro. Luna le llamaron, la hija entre la noche y el fuego. Así la noche saldría, alegrada por la luna, su hija. Mostraría las estrellas y algunas veces lloraría, otras veces se escondería tras el velo de algodón de los nubarrones nocturnos. Pero el brillo de la luna, su hija, le recordaría a su gran amor, aquél fuego efímero que un día nació en la noche para iluminar pírricamente el profundo velo de penumbra. Porque lo que hizo el fuego, fue tocar el alma de una mujer, llamada noche y quemó sus miedos. Tanto que llegó a amarla, tanto que se extinguió por ella, tanto que una luna surgió del amor, y la llamaron hija, y la llamaron bella.

Noche siempre temió al sol, él la repelía, pero ella vio un sol en ese fuego enclenque que con el agua moría y con el viento se atizaba. Oh amor, de noche y fuego. Oh amor de odio, oh amor eterno.

Y de hija la luna, la bella, la roca que con fuego brilla en la noche tosca.

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