FRIALDAD

Un día, alguien se topó con mi frialdad y preguntó la causa. Me quedé pensando un par de minutos, mientras ese alguien me miraba con intriga. La única respuesta que encontré fue esta: Desde que tengo memoria, he confiado lo mejor de mí a sentimientos profundos. Descubriendo facetas jamás vistas de la persona que era, que pude ser y que en últimas, tuve que dejar de ser. Siempre que perdía una batalla, me lanzaba al precipicio con la fe puesta de nuevo. Y así hasta hoy. Pero la causa quizá no sea esa. ¿Te has enamorado? Le pregunté. Pero su silencio y su rostro dirigido al suelo, fue la respuesta que esperaba. Cuando te enamoras estás dispuesto a ser destruido, dejas que esa persona empiece a robarte fragmentos de ti y no lo notas sino hasta el final. Y todo lo que brindaste, todo lo que eras, se queda en el olvido, pues esa persona se va e inevitablemente quedas con el deseo vuelto harapos. En últimas, toparse con una frialdad como la mía, es un indicio de que no me da miedo amar, pero no estoy dispuesto a dejar que los sentimientos fingidos crucen la puerta al minúsculo grupo de harapos que aún quedan de la totalidad que era.

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