MUJER, MUJER.

A todos nos llega la hora. A ti de la tristeza y a mi de la felicidad. Los hechos, las acciones y reacciones, son nobles en su esencia y de ganancia entregan lo justo, aunque a veces tarde, siempre lo hacen. Ahora recuerda mujer de belleza efímera aunque grandiosa, todas y cada una de las veces que no fuiste consecuente, donde decías buscar amor pero te rejuntabas con el patán de turno. ¿Las recuerdas? Con el poder de decidir, lo hiciste, mal, pero lo hiciste y luego te quejaste -Yo y mi suerte- dijiste, o mejor, vociferaste; como si se tratara de maldecir al destino, a la mano mágica que lo puso frente a ti, cuando nunca hubo culpable más que tú.

Ahora, 3 décadas después de que mi febril y adolescente amor te llegara y no lo aceptaras, no sabes ni siquiera porqué lo dejaste ir, me dejaste ir. Quizás la inmadurez de una pubertad, o la rebeldía de una mujer que sabía que era bella, o la negación a la inteligencia que tienes, o quizás la guebonada propia de muchas mujeres de gustarle lo peor. No lo sé, pero han sido para ti 3 décadas de embates, despistes, desilusiones y traiciones, tu lo elegiste, siempre lo hiciste y yo sé de todo, porque aunque sin ti, aún me duelen tus lágrimas. ¿Cómo no? Si una vez te amé, y ese amor no se sale del corazón; tal vez se guarda y se encadena, pero no se saca. Y no, no era propiamente interés, sino la malicia de esos pajaritos que atraparon susurros descargados en el viento, que por atracción o pura maldad decidieron contármelos a mi.

Así es siempre, el ego que nos impide aceptar que somos nosotros la cagada, no el mundo, no los otros. Así es como nos despreocupamos de las cosas que nos competen y nos lavamos las manos luego de cagarlas. Pero, no hablemos más de errores que ambos hemos cometido muchos, aunque a ti te pesan más. Tranquila, que yo también he sufrido y que más sufrimiento que la muerte de un ser amado, mi esposa de 10 años, falleció como no deben fallecer las personas buenas, producto de un accidente, de la fatalidad del destino que gira en una rueda sin un tornillo. Se fue, no por decisión, sino por azar. Y me dejó más solo que antes de conocerla. Pero, a ella le debo el haberme visto en la multitud, el haberme escogido, un hombre medio bueno entre tanto idiota. Y fueron 10 años largos, más 2 de noviazgo, donde por fin entendí lo que es amar y ser amado.

-Ah, que tarde se hizo- Perdoneme, pero debo marcharme, ya no tengo tiempo para quedarme a tu lado y esperar que estés bien. no, no lo tengo. Te presento a mi hija, tiene 8 y está en la escuela. Debo ir por ella, pues sale a las 2 con 30 y la verdad ya no quiero dedicarte más tiempo, ahora te toca pasarte las lágrimas sin un pendejo que te haga sonreír, porque al pasar el tiempo la belleza ya no impresiona, aún la tienes, pero ya no me impresiona. Te deseo lo mejor, pero recuerda mujer que alguna vez quise, elige ser feliz y elige bien. Que los tesoros que más valen no siempre son de oro y brillo, sino de madera y compañía, hechos a mano y con sudor. Feliz tarde mujer, te dejo con tu tristeza pues debo ir a recoger mi felicidad.

-Ella siempre amó la sinceridad de ese hombre que veía marchar como nunca antes lo vio, de espalda a ella y aún sonriendo-

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