TAN ELLA

Una vez, una única vez la he visto. De reojo y con la noche como acompañante. Sentada en un parque frío, ahí, tan mansa, con las piernas juntas y las manos sobre su regazo, con un buso de compañía y con una mirada penetrante; como siempre.

Aparentemente tranquila, pero la mera presencia de su ser causa estragos -buenos estragos-. Y ahí estaba, y yo pasando por su lado. La reconocí, pues la había soñado varias veces, nunca visto, pero si soñado. La reconocí, claro que lo hice, pues era aquella revelación -mujer- a la que tantas veces le escribí, era aquella revolución -mujer- a la que tantas veces me uní, era aquella tribulación -mujer- a la que tantas veces temí y allí estaba, apacible en una noche de invierno -sin lluvia-, en un parque decadente -pero con ella-, tan apacible, tan sincera, tan hermosa, tan perfecta. Mis pies siguieron el paso, pero mi alma se quedó congelada en ese instante; aún yace en ese parque, con ella, tan apacible, tan bella y a la vez tan viva, tan libre, tan ella.

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