URIBISTAS

Álvaro Uribe Vélez y sus colaboradores representan ese amplio sector de colombianos de estirpe pragmática y superficial. Ese sector que ama y promociona una pasión ilimitada -e irracional a veces- por la Patria, que se consuela con el título estadístico de ser el país “más feliz del mundo”, que se rasga las vestiduras cuando hay policías o militares muertos y se ufana de ser demócrata antes situaciones como la de Venezuela.

Pero a la vez es un sector que abusa de las bondades naturales de esa misma Patria que dice amar, que construye los valores de un “patriotismo colombiano” a partir de la trampa, el embuste y el “todo vale” porque eso “es ser colombiano”, eso y tener “malicia indígena” (cuando hasta a los mismos indígenas se desprecia y busca desterrar). Ese mismo sector de colombianos es robado de frente por sus dirigentes y aún así se consuela pensando que desde que se tenga salud (y ni eso ya tiene) hay que ser feliz. Ese mismo sector que se horroriza por las acciones de Maduro en Venezuela pero que paga tres veces más caro la gasolina, los pañales, el cemento y los cuadernos (sin saber qué otros productos hacen parte de un cartel).

Uribe representa el colombiano que no quiere ver la realidad y se inventa otra para paliar la miseria, pero más grave aún: no desea analizarla. El promedio uribista no es culto ni política ni intelectualmente, y eso tiene sentido, porque de serlo jamás arroparía las banderas de ese movimiento. El uribista no acepta fácilmente debates que no pueda ganar. Prefiere el facilismo propio de “echemos bala” porque la fuerza bruta y una moral conservadora puede más, porque “así nos criaron”. De nada sirve estudiar el fenómeno de la violencia en Colombia, de nada sirve analizar el concepto de Democracia y Estado Social de Derecho, de nada sirve hablar de Derechos Humanos: ¡Que pereza estudiar! A los malos y bandidos se los acaba con bala, como “debe ser”, porque Uribe representa también el modelo clásico pero recargado que impone una “paz” a punta de bala, desconociendo que históricamente llevamos más de 60 años así y nada (porque para desconocer la historia: ¡Los Uribistas! O pregunten a uno sobre la ley 100).

Los argumentos de la gran mayoría de uribistas recaen siempre en feroces ataques a las libertades y la necesidad de un líder mesiánico que nos saque de un periodo de inmundicia a cualquier costo (lo que según M. Horkheimer constituye la semilla de un Estado totalitario). Uribe representa entonces también el fervor religioso del pueblo, un auto-proclamado Mesías.

Razón tiene una frase viral que afirma que un Uribista es aquel que sigue las ideas del ex-presidente, y un anti-uribista es aquel que de verdad las entiende.

Juan Pablo Sterling Casas AC/DC

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