Esquizofrenia – Parte dos

NOTA ACLARATORÍA: NO SOY PACIENTE DE UNA ENFERMEDAD NEURODEGENERATIVA EN ESTE CASO ESQUIZOFRENIA, SIMPLEMENTE ME TOMO EL OFICIO DE ESCRIBIR.

Discernir entre la realidad “real” y la realidad “virtual” mediante un proceso cognitivo, consciente y coherente no es posible para mí. ¿Acaso no es real todo aquello que nuestro cerebro procesa y convierte desde estímulos en reacciones? Es una definición de realidad, bastante precisa y situacional para mí, es más, encaja perfectamente para dar validez a mi condición. Sin embargo, conscientemente sé que hay cosas reales que no lo son, que son una imagen virtual de proyecciones generadas por mi cerebro. El problema es distinguir entre lo irreal, lo no real, lo real y lo completamente imaginario.

Desde la revelación que obtuve al probar la visión mono ocular, he estado poniendo a prueba mi visión. Utilizo un parche para cancelar completamente la visión de uno de mis ojos, luego, salgo a caminar el mundo únicamente valiéndome del punto de vista de uno de mis demonios. El gris azulado; el causante del invierno, entrega una perspectiva fría, objetiva, calculadora, espectral y fantasmagórica. Cuando veo con el soy capaz de vaticinar acciones, reacciones, sucesos y hasta parte de la voluntad. Es como si me dijera que van a realizar las imágenes que el percibe. Así es.

En los días donde uso el parche en el ojo carmesí, suelo ir al parque a divisar el accionar de todo. Desde la nube que desea caer como lluvia, el árbol que quiere menear sus ojos, el pasto que quiere crecer un poco, la paloma que asecha el pedazo de pan, el hombre que se le declara a la mujer, la mujer que llama a su amante, el vagabundo que quiere salir de su condición y a la vez no. Aprendiendo como usar ese don a mi favor. Aunque la pregunta persiste ¿qué es real, que es irreal, que no es real, que es imaginario? Siendo lo real, aquello que es sin importar cómo lo vea. Siendo lo irreal, aquello que es más de lo que realmente es. Siendo lo no real, aquello que mi mente crea sin mi permiso y supone algo real. Y siendo lo imaginario, aquello que mi imaginación crea y puede superar o no la realidad. Hay similitudes entre algunas de ellas, sin embargo, es preciso definirías bien para poder comprender mi situación, condición y actuación.

En los días gris azulados (debido al ojo con que los veo) también hay imágenes terroríficas que me acechan. Sombras laxas y lánguidas, con cuellos alargados, mechones de cabello pegados al cráneo, manos raquíticas y deformadas, carentes de sombra propia. Su carne parece fluir como la densa lava y de vez en cuando trozos de ella caen al suelo y se evaporan. No sé en qué categoría ponerlas: irreal, no real, o imaginaria. También están los cuervos de 13 ojos, cuyas plumas son negras y sus bordes rojizos, estos tienen patas con 5 dedos, tres adelante para posarse y dos atrás para completar el agarre. Cada dedo con dos uñas y en el talo unos pelos sobresalen que danzan con el viento. Su graznido es espantoso, no me gusta oírlo y siempre urajean cuando una nube tapa el sol. Lo más sobrecogedor es la leve sonrisa que se dibuja en su pico al llegar el atardecer, siendo esa sonrisa el indicador de mi regreso. Jamás he querido pasar una noche con el gris azulado viendo, mi pulso decae de tan sólo pensar los horrores y desgracias que vería en la noche.

Casi olvido por completo al lanzador de maíz. Pero de sólo recordarlo mi voz titubea y mi pulso tambalea. De todas las cosas que veo a él es el único que no quiero ver. Ni siquiera puedo describir el temor que infunda sobre mí, es tanto así el miedo que le tengo que al verlo lo único que puedo hacer es quedarme pasmado en el asiento. Si, la tercera silla desde la calle 43 hacia la 44, mirando al campanario de la iglesia y bajo el roble con la marca de corazón. Los cuervos de 5 patas le temen y no crascitan, las sombras evitan su camino, ni siquiera el sol lo alumbra directamente, sino que se escabulle por las pequeñas grietas proporcionadas por las hojas del roble y lo iluminan con temor.

Y ahí estoy yo, petrificado a su lado, viéndolo con el reverso del ojo gris azulado, pues siempre se sienta a mi derecha. Puedo notar la bufanda café que lleva, el orificio de un ojo izquierdo faltante, las garras del pie peludo que sobresalen su zapato roto, el hedor a muerte que desprende, el estremecimiento constante de su mano derecha, una capa que le llega a la cintura de color negro y en ella unos rostros plasmados, vivientes y dicientes. También noto 3 colmillos que sobresalen sobre su labio superior, una cicatriz desde el mentón hasta la sien, una oreja despedazada y 2 dedos amputados. La piel de su brazo parece calcinada y la de su cara está llena de un sarpullido simétrico con forma de hexágono, con pequeños agujeros en su interior de forma circular. De él, se proyecta una enorme sombra que llega hasta las escalas de la plaza, es eso lo que realmente causa pavor, pues en la sombra se refleja el fulgor gris azulado de mi ojo derecho y una mueca lo rodea, unos labios de fuego parecen saborearlo. El contorno de la sombra no es delineado, sino una completa y cambiante textura. Mientras más veo su sombra, más siento que me tragará.

“No sabes lo que te espera” Es con lo que siempre inicia la conversación. “Recuerda que los ángeles te van a abandonar cuando el demonio llegue” “No hay hombre sensato en esta tierra de monstruos” “El engaño más sutil es aquél del que no dudamos” “Fue Epafrodito quien apuñaló a Nerón” “Algún día te llevaré conmigo”. Son pequeñas frases que el lanzador de maíz recita. Siempre hay conversaciones, pues mi temor se ve acrecentado cuando el exige una respuesta, el silencio me obliga a hablar y temo lo que sucedería si me negara. No hay paloma alguna que acuda por el maíz, los cuervos no emiten sonido, las sombras se paralizan, los hombres ni siquiera tornan su mirada hacia el. De todos los males que pueden andar sobre la tierra, estoy seguro que el lanzador de maíz es el peor de todos.

Así termina mi día del gris azulado, aprendiendo sobre muchos accionares, sin embargo, aún no puedo prever lo que hará el lanzador de maíz. ¿Acaso gris azulado no tiene efecto sobre él? Estoy seguro que mis ojos están por encima del bien y el mal, ¿qué será él, que mis ojos no pueden fijarse en sus acciones? Es incapaz de leerlas y temo que mi destino sea peor de aquél que he imaginado. Que Dios me salve de su antítesis, aunque estoy seguro que ese engendro es mucho más grande que Dios.

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