ESQUIZOFRENIA Parte I

NOTA ACLARATORIA: NO SOY PACIENTE DE UNA ENFERMEDAD NEURODEGENERATIVA (EN ESTE CASO ESQUIZOFRENIA), SIMPLEMENTE ME TOMO EL OFICIO DE ESCRIBIR.

Heterocromía, una deficiencia de melanina en el cuerpo que impide la correcta pigmentación de ambos iris, causando una diferencia de color entre los ojos. En mi caso particular, ocasiono un ojo de color gris azulado y otro de color escarlata como la sangre siendo iluminada. Mi padecimiento particular me trajo varios desagradables apodos, burlas, entre otras cosas. Esa apariencia discordante me envió a un exilio durante mi niñez, a una infortunada soledad.

Sin embargo, siempre tuve un mal presentimiento acerca de mi mirada y la forma tan macabra como mis ojos se combinaban en el espejo, cuando me observaba fijamente. Sentía como si en mi habitara un frío y despiadado invierno y un tórrido, sofocante y ardiente infierno. Esa sensación se traducía a mis otros sentidos, engañándolos de alguna manera, de tal forma que, en ocasiones sentía el crujir de las brazas y en otras el silbar de vientos presurosos. O sentía congelamiento en días calurosos y en aquellos días no tan afortunados el fuego me abrasaba completamente. Y puede sonar a superstición o al resultado de una imaginación demasiado libre, pero creo que esas sensaciones están relacionadas a mis ojos. A esa combinación infernal de colores y brillos.

Pero, el horror no culmina ahí, la manipulación y el jugueteo a mis percepciones corporales es lo de menos comparado con las visiones que se apoderan de mi mente en ciertas circunstancias. La primera que recuerdo sucedió cuando tenía 5 años. Estaba durmiendo y a mitad de la noche el sueño se marcho precipitadamente, me levanté de repente, con una sudoración excesiva, aunque los escalofríos eran predominantes. Entonces, abrí los ojos súbitamente y al instante percibí una figura decrépita y desgastada, con los pómulos contraídos y sin piel en su rostro. En las órbitas oculares sólo se encontraban dos pequeños círculos en el centro que brillaban con un verde intenso, embebidos en una negrura extrema. En el instante que duró mi visión, pude notar la atención con la que el espectro me observaba, cómo si quisiera algo de mi. Cerré los ojos y grite con todas mis fuerzas mientras me protegía con la cobija, cubriéndome totalmente con ella. No es necesario profundizar en los trastornos que generó esa visión, en las acusaciones de mis padres, en los castigos y regaños que recibí. Sin embargo, sé lo que vi y sé que al menos, por un instante estuvo ahí. Aunque para mis padres fuera sólo mi imaginación y una sugestión pasajera.

El tiempo pasó y me gustaría decir que las visiones se alejaron. Pero por el contrario, aumentaron en cantidad, frecuencia y detalle. Ahora los veo en cualquier instante, en cualquier lugar, sin importar el clima o las condiciones del día o la noche. Incluso, en ocasiones los confundo con personas reales, aunque sus rasgos moribundos y oscuros, estaban por doquier. ¿Podría culpar a la maldición de mis ojos? Fue lo primero que pensé y un día cualquier, decidí probar la veracidad de mi hipótesis. Aunque realmente era de noche -no sé porque tomé la decisión de que fuera de noche-, Traté de soñar placenteramente, hasta que llegara el momento en el que me despertara vertiginosamente, entonces no abriría los ojos a la vez, sino que, abriría sólo uno, ya fuera el escarlata o el gris azulado, lo dejaría todo al azar de mis instintos. Así sucedió, el vertido de mi despertar se apoderó de todos mis nervios, provocándome una sudoración excesiva y escalofríos espasmódicos y desproporcionados, entonces, recordé mi propósito y me negué a abrir los dos ojos al unisono. Y el azar escogió, abrí únicamente el ojo escarlata, aquél que ocupaba mi hemisferio izquierdo, aquel que producía un infierno en mi, aquel al que más temía pues en la oscuridad brillaba con ahínco y un estupor que sobrepasaba mi cordura.

La visión apareció inmediatamente ante mí, pero esta vez difería un poco lo que veía. Esta vez, sólo veía una figura fantasmal, que se adecuaba a la forma del antiguo espectro, pero parecía que fluyera de alguna forma. Lo entendí inmediatamente, el ojo escarlata podía percibir el fuego del alma de esos espectros, mientras que el ojo gris azulado percibiría el vaho del espíritu, algo así, como la niebla que cubría aquél fuego y le permitía habitar mi realidad. En otras palabras, con uno podía apreciar sus intensiones, mientras con el otro sus acciones. Cuál de los dos sería más perverso, eso no lo pude determinar ni decidir. Luego de mi hallazgo, sólo me quedó cerrar los ojos y protegerme con mi cobija ya que, esta vez gritar no serviría de nada, esta vez no vendrían mis padres a salvarme.

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