Musa que poco vi

Llevas 50 años hablando de la misma mujer. Aquella peliclara, de sonrisa grácil y picaresca, de ojos cafés tan oscuros como el alma del diablo, que al verla sonreír temblaba la creación y te enloquecía el corazón, aquella mujer de cabello carmesí, a veces cobriso, pero siempre favoreciendo al claro frets. Mujer que tus relatos describen, mujer con la que siempre quisiste tomar un café, o una copa, o el tiempo por la cola y pasarlo con ella. Parece que la conocieras bien, que tu tiempo con ella hubiese sido longevo y bien aprovechado. Aquella que durante tanto tiempo fue tu musa, tu diva, fuente de inspiración y causante de insomnio. Cuéntame, cuéntame, dime la verdad. ¿Cuánto tiempo pasaste con ella?
Si la verdad es lo que quieres, creerme debes, pues esa mujer, de mis sueños, de mis cartas, de mis novelas, de mis sonrisas y de mis miradas, esa mujer de la que tanto hablé y que me atreví a describir burdamente, someramente, aunque parezca tan profundo. A esa mujer sólo le conocí, de frente, en persona, una sonrisa. En verdad no fue más de un minuto, pero para mí y mi alma cautivada fueron eternidades.

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