Avecita

Encontré ese pedacito de cielo roto, ese vuelo quebrado esa avecita muerta y yo y la lluvia, y ya sabes… ya tenía mi cuaderno mojado de todos modos, lo apoyé en una parte más seca, ¡imposible! llovía, cavé un pequeño hueco con la mano, tomé el ave, le guardé ahí, le cubrí y antes de que se tapara del todo, alcancé a ver como se convertía en un pez azul ¿guiñó un ojo? de eso no estoy seguro, pero me pareció, lo pondré así; creo, creo… que guiñó un ojo, tal vez arrojó un beso o simplemente se movió, como cuando uno nace y se dejó caer hasta el arroyo que pasa ahí cerca, puse las palmas hacia arriba para que la lluvia me lavase las manos, luego tomé el cuaderno y seguí caminando, mirando la huellas que dejaba, lleno de preguntas, ¿estás comiendo bien? ¿pasaste frío alguna vez? quiero decir, ¿hubo algún norte muy fuerte? ¿te volvieron más callada las estrellas? hay una pregunta que no quisiera escribir, porque harías que te dobles hasta huir por el túnel de tus propios bolsillos, pero… ¿cómo no voy a hacértela?
¿recibirás entonces mi abrazo, cuando la lluvia vaya a llevártelo?

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