Slave

Ella tenía los ojos color Schrödinger, cada que me miraba quedaba atrapado en esa paradoja de no saber si me daba vida o me mataba poco a poco

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Basta

no basta con decir te quiero? toca que decir cuanto, como, donde, porque, para que, hasta cuando, hasta donde, como si cuando uno quiere tuviera esas respuestas en la punta de lengua y no apretujadas contra el vacío del estomago.
Como si pudiera uno articular palabras mas allá de la taquicardia y de los besos que quitan el aliento.
como si querer y explicar que se quiere fueran acciones sine qua non….
como si…
… como si …

Little World

Se encontraron en medio de las dudas de ella y la torpeza de él, empapados por las ganas sacrílegas de reencarnar el pecado original que nos expulsaría del paraíso de la inocencia y nos condenaría al infierno de la pasión por los siglos de los siglos amándose. Se fueron despojándon de la incertidumbre de sus costumbres con mañita, como cuando uno se quita pedacitos de piel muerta con cuidado de aprovechar ese dolor rico. Ella se quitó la máscara de niña mimada y él se quite el uniforme de desdén.


Inexpertos el uno en la otra y viceversa fueron explorando, tanteando, tentando, intentando descubrir más allá de lo evidente permitiendo que los cuerpos mismos indicaran el camino de las caricias y que los temblores y precipitaciones indicaran el éxito de la expedición y el rumbo para naufragar a la deriva del deseo.


Retozaron perpendiculares, paralelos, adyacentes, metafóricos, homogéneos, equidistantes, hasta que el deseo logro el punto de ebullición, la sangre y los fluidos se hicieron evidentes y por sus bocas salían las palabras primigenias perfectamente pronunciadas del lenguaje del deseo.

Demostración de belleza

Su belleza es infinita aunque jamás lo crea. Al ver una imagen suya, siempre creo que jamás podré verla más hermosa, ese es mi estribillo. Sin embargo, es una falacia del tamaño de una secuoya al compararla con un girasol. La razón a esa afirmación está intrincadamente aferrada al suceso de la novedad. Pues, siempre que observo una nueva imagen de su ser, derrumbo mi actual axioma, sustituyéndolo por uno igual verdadero pero que durará poco. Así, cada vez la veo más hermosa, y así vez tras vez infinitamente. Ahora, si interpola esa infinidad con el aumento de su hermosura llegamos por fin a la demostración, de que su belleza es infinita.

Aprehenderte

“Aprenderte de memoria sería una perdida de tiempo, no quiero aprenderte como se aprenden las tablas de multiplicar, quiero aprenderte como se aprende a cocinar experimentando, oliendo, saboreando, mirando los colores, oyendo el crepitar aceite con los ingredientes y el tintinear de las ollas… Quiero aprehenderte de gusto, de tacto, de olfato, de vista y de oído…”