¿Estás?

Hoy te escribo a ti, pudor. Gracias por estar ahí, por demostrar lo grandiosa que es esa mujer, por hacerme esmerar cuando de tentaciones se trata. No es que me moleste que usted intervenga y la haga apenar, sino que, lo quiero como aliado. Que trabaje conmigo y deje que la sensualidad de la dama a la que cortejo fluya lentamente, quiero que la haga sonrojar cuando sienta vergüenza de lo prohibido, sin embargo, quiero que también la impulses a seguir más allá, que me hagas parte tuya para que ella no se sienta con un extraño y que esta perversión sea natural, como debería serlo. Así pues, lo invito a ser mi aliado don pudor, a ser el juez de mis intentos y a que la haga enrojecer cada vez que exalto su ser y logro acercarme a su cuerpo, a su ser.

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