Lección # 343953532493:

No excederse y mantener la calma, simplemente aplica el esfuerzo que requiere. Suele ser un error y ¡grave!

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ELOGIO A LA MUJ…

ELOGIO A LA MUJER BRAVA POR HÉCTOR ABAD

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!

UN RECORTE DE ESTOS ÚLTIMOS DÍAS

Cierto día me avisaron que venía mi tío a traer a mis primas, fue una noticia agradable y los días que estuve con ellas, aunque no lo noté instantáneamente, sí fueron especiales.

Mi tío unos días después me dijo que si quería viajar con él hacía Sincelejo; obviamente acepté. Al comienzo lo vi duro porque no tendría tanta libertad (Eso pensé) de igual forma aventuré. Gratos días, muy muy gratos días; hable con mi tío, conocí más a algunas personas; comí, dormí, jugué, dialogué, viajé…y es que estuve en Cartagena, viendo el “asco” de ciudad que ha ido quedando con el paso de las administraciones; viendo que es muy complicado realizar un cambio social, allá dónde la consciencia vale $15.000, dos cervezas, un almuerzo (Esto sucede en todo el país pero…), dónde se espera que otros solucionen los problemas de todos; esa isla con una división espantosa, dónde entre razas se discriminan y el centro de concentración de su población no lo es, porque ahí solamente se ingresa con lujos para disfrutarlo. ¡Ay! Cartagena. Notar que es la ciudad con el nivel de vida más alto de Colombia y la octava en LA calculado según el ingreso per cápita de cada nación.

Con todo y esto, me dirigí a votar ¡Ya lo podía hacer allá!, fue mi primer voto cómo ciudadano, el momento dónde en mis manos también está el futuro de todo un país, dónde lo que decida, será repercutido de cualquier forma a toda la población y aquí entran en juego aquellos que por su fácil manipulación no lo hacen (Los Niños). ¡Voté!

Conocí calidades de vida extrañas en ese paseo por la villa de Heredía.

Concluyó un día cualquiera mi paso por esta ciudad y al concluir este, también retorné a la Sincelejo, que no alcancé ni a climatizar, cuándo partimos a Montería, dos horas de viaje, cuatro horas de consultas, cuatro horas charlando, dos horas retornando…así fue todo, así fue muchas veces; conversé y conocí proyectos que a futuro darán mucha utilidad a esto que llamamos país, territorio, República de Colombia.

De todo esto, saqué muchos cuentos, noticias y demás, pero las más importantes enseñanzas fueron:
-No limitar a nada el todo; aunque ya lo tenía claro. No sobra reafirmar. 
-Encausar la vida a una manera simple y compleja.
-Comenzar con sonrisas todo.
-El cambio está en lo social, no solamente en cemento.
-Vivir es bello.
-El pescado es muy rico, pero ya no es seguro comerlo.
-El maíz es fácil de cortar (?)
-Los amigos se deben saber escoger.

Hubo mucho más que aprendí, mucho más que viví y disfruté; y también momentos en los que no fue así. Al final, todo está en vivencias. todo está en experiencias y recuerdos. 

Todo a mil. 
¿A cómo? 
¡A mil!

 

Estrellas para estrellarme

Estrellarse no debería ser utilizado tan mal en nuestro idioma. Yo vivo estrellado, con fuentes de energía, de felicidad, de conocimiento que aunque lejanas o desaparecidas lo hacen. Estrellarse debería ser mirar recuerdos, escribir libros. 

Pero, no, simplemente se utiliza como un decir, por el uso que le dieron en la animación, “Estrellarse, Pajariciarse…”, por estrellarme algo antes de conocer lo que nace desde las otras vías, estrellé, ilusioné, fantaseé y sí, me estrellé.