Suena, tango quejumbroso, compadrón y callejero,
como suena en la tristeza mi abatido corazón.
Y si ves a mi querida no le digas que la quiero,
porque ya me da vergüenza de pensar en su traición.
Suena, tango, y si con otra ves que bailo a tu sonido,
no le digas que me oíste tu rezongo acompañar.
Yo no quiero que ella sepa las angustias que he sufrido,
y que desde aquella tarde no hago más que sollozar.

¡Tango!…
Melancólico testigo
y el único amigo
de mi soledad.
¡Tango!…
En las vueltas del destino
quizá en mi camino
la vuelva a encontrar.

Alberto Vacarezza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s