Hoy que regresas,
tu silbato y el invierno
llama con voces sigilosas al ayer,
tendré encendida la luz de tu recuerdo
y desde el último andén te llamaré.
¡Bajate aquí!… bebe esta copa de ternura
que entre tu ausencia y mi locura corre el tren.

Corre el tren peregrino,
por el viejo camino,
más allá del dolor,
más allá de tu amor,
más allá del destino.
Corre el tren peregrino
por el largo camino,
y en un sueño lejano
vendrás a mi mano
llenando el andén.

Será lo mismo, puede ser, pero en las cosas
hay una triste sensación de no sé qué.
Las mismas lluvias de ayer, no dan más rosas.
Los mismos cielos de ayer, no dan más fe.
¡Adiós… te vas!… Queda el saludo del pañuelo
con que agitabas tu desvelo, desde el tren.

Cátulo castillo.

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