SORTIL

Iba por la calle ahorita caminando mientras volvía de ver liga de la Justicia, luego de la Biblioteca y cada gotica de agua que me caía me hacía pensar lo bonito que ha sido haberte conocido y conocer a cada persona. Fue un encuentro inesperado, un regalo de los sucesos y me sonreía en cada paso, lo que te he escrito y lo que te deseo escribir, mis ideas y mis momentos ahí van y sé que los guardas, no sé con qué fin, pero los guardas y te sacan una sonrisa, quizá tan grata como la que yo tengo ahora mientras te escribo (En el desconocimiento hacia ti y toda la inspiración que eres) o como la que tienes cuando te ves en un espacio que acoge y regocija lo que quieres y quién eres, es la magia que hacen las ideas. La magia de las gotas está en brindar esa claridad para pensar y en construir momentos cliché o hermosos, yo digo de inspiración absoluta. Y es queme inspiras cada instante, cada paso, me hallo en lo bonito que es haberme topado con tanta calidad humana, esa que brota y no necesita que hayan mil encuentros y millones de segundos compartidos para tener todo plasmado, al menos todo lo bello que no solamente se refleja en el horizonte.

Quizá en el silencio haya una gran perfección, pero en los acordes que genera la lluvia hay un no sé qué, una loca melodía que perfectamente se refiere a todo lo que quisiéramos mostrar… quizá es un silencio mejorado o un silencio más paciente y menos exigente, no sé, la verdad no sé de dónde tanta vida, tanta lucidez para expresar y a la vez sin la capacidad de hacerlo, me desborda, es bello, encuentro en la Lluvia lo que todo niño, joven, adulto debería que son nuevos tiempos, esos que dicen que el amor no es la excepción al decir que se debe todo volver a intentarse, que la música la puede hacer cualquier alma con necesidad de arte…

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Día 13: Hagamos otro Trato

Un trato justo. Algo, que aún no sé que es por una sonrisa tuya. Quizás un poema, de 1 hoja, a mano y con pulso firme. Tal vez, un dibujo, donde delinee con firmeza y soltura tus rasgos. Quizás una canción donde exprese lo que haces sentir. Mientras más lo pienso, comprendo que tu y el arte comparten significado. Sin saber que más ofrecerte recurrí a medidas desesperadas y decidí ofrecerte mi tiempo. Con el podría hacerte canciones, dibujos y poemas, y quizás no obtendría sólo una sonrisa. Así pues, te ofrezco mi tiempo para que hagamos de el, arte.

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ESTRELLA

A veces cuando camino por el universo con mi traje de astronauta siento la necesidad de introducirme en algunos cráteres a reconocer. Otras tantas viajo a cerca de la velocidad de la luz y sin querer me topo con estrellas muy pequeñas para las inmensas que antes he estudiado, aquellas no tan brillantes, no tan cálidas y con pocos cráteres; esas pequeñas me hacen detenerme y apuntar todas las cámaras de reconocimiento que carga mi nave y ¡Oh sorpresa! Quedan ocultos, puesto que el brillo de éste tipo de estrellas no se estudia con la tecnología avanzada que la ciencia me ha encargado junto a la tripulación. Pareciera que son estrellas nuevas que reclaman tiempo, observación y sus cráteres aún visibles solamente se muestran al acercarse ¡No sólo basta con acercarse! Debes ser paciente y permitir que hayan muchas fluctuaciones atómicas para que surjan…por esas estrellas me gusta ser un Astronauta, porque son estrellas que no reciben en las sociedades de Astronomía y no obstante reconocerlas te consigue la confianza para seguir viajando, estacionar la nave cerca y con pasos muy sigilosos reformar eso que en algún momento obligó a nuestra misión deternerse.

Esas Estrellas así, pequeñas, tímidas, con grandes cargas de energía, vida y otros cúmulos de paradójicos habitantes son las que más deseo estudiar y no me niego a esperar que en ese viaje haya la opción de hallar una en dónde pueda quedarme…una estrella que me convierta en su Astronauta oficial y me permita estudiarla tanto como para no tener tiempo de volver con la tripulación.

Hola Estrella…me invitas a ti.

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LAS PRENOCHES

En su sonrisa hay un no sé que, un no sé cómo, un no sé cuando y un no sé donde que me vuelve loco. Y no exagero con la palabra locura, porque para lo que ella causa no hay remedio, no hay cura, ni siquiera una lobotomía lo arregla. Sólo otra sonrisa, y otra más, y otra más, y así, una cura que enferma y una enfermedad que no quiero que sea curada, excepto por la cura. Todo un disparate lo sé, como un escaparate. Pero entre tanto alboroto y desvarío una cosa cierta si hay. En su rostro guarda magia y con su sonrisa la libera, hoy me robó un poco más y hasta mi fuerte suspiro por la amistad ahoga mi realidad.

LA MARSELLESA. EL BELICOSO HIMNO DE UNA REVOLUCIÓN QUE SOBREVIVIÓ INCLUSO A LOS NAZIS

El himno francés ha sobrevivido al paso de los siglos y al de regímenes hostiles –como el napoleónico o el de Vichy–, que intentaron sustituirlo a causa precisamente de su carácter revolucionario y de su belicosa letra. «¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras esposas! ¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!», reza el estribillo de La Marsellesa, que vale para advertir tanto entonces a los enemigos austríacos como a los terroristas islamistas ahora.

En la película estadounidense «Casablanca» (1942), el local nocturno de Rick Blaine (Humphrey Bogart) vive un duelo de himnos entre un pequeño grupo de alemanes que canta «Die Wacht am Rhein» (El guardia sobre el río Rín), acompañados de un piano, y un numeroso grupo de franceses que termina imponiendo su melodía nacional, por entonces prohibida en Francia. «Toquen la Marsellesa», reclama uno de los personajes a la orquesta, antes de que las voces francesas se coman por completo a las alemanas. Y es que resulta difícil vencer al peso histórico de una canción que nació en tiempos bélicos. El actual himno francés fue escrito y compuesto el 25 de abril de 1792 por el poeta, músico y capitán de ingenieros Joseph Rouget de Lisle, destinado en el batallón «Enfants de la patrie» de Estrasburgo.

En ese momento, Francia estaba inmersa en una guerra contra Austria y otras potencias europeas que exigían la liberación de los Reyes de Francia y poner punto final a la Revolución. Leopoldo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, fue el enemigo más visible en estas primeras fases del conflicto, puesto que temía la posible expansión de la revolución francesa a sus territorios y porque en el fondo velaba por el bienestar de su hermana, María Antonieta, la reina de Francia que había sido depuesta del trono. A pesar de ello, se opuso en un principio a una intervención armada en Francia y tuvieron que ser los propios revolucionarios quienes le declararan la guerra.

Las tropas marsellesas que llegaron a París

El día 24 de abril, el alcalde de Estrasburgo convocó a varios oficiales, entre ellos a Rouget de Lisle, para levantar la moral de las tropas con iniciativas tales como componer un himno patriótico para el ejército del Rhin. Rouget escribió la letra y compuso la canción, inspirándose en un cartel que había visto en la calle con la proclama «Aux armes, citoyens!» («¡Ciudadanos, a las armas!»), la cual tituló como «Chant de guerre pour l’armée du Rhin» («Canto de guerra para el ejército del Rin»). En poco tiempo, el himno adquirió gran difusión entre los soldados y, en julio de 1792, alcanzó París gracias a los voluntarios marselleses que lo entonaron por las calles de la capital cuando acudían en su defensa. De ahí viene su nombre.

La letra de la Marsellesa, uno de los primeros himnos que no nombra a Dios, está repleta de amenazas explícitas («Temblad, tiranos, y vosotros, pérfidos, oprobio de todos los partidos, ¡temblad! ¡Vuestros planes parricidas recibirán por fin su merecido!») contra los enemigos del país, así como de referencias antimonárquicas. Es por esta razón que, pese a que en un principio Napoleón Bonaparte recurrió a ella dentro del aparato propagandístico que le llevó a la cabeza de Francia, prohibió su uso durante la etapa del Imperio.

Rouget de Lisle canta La Marsellesa por primera vez.
Rouget de Lisle canta La Marsellesa por primera vez.
Precisamente a Napoleón se le atribuye la cita más famosa sobre el himno: «Esta música nos ahorrará muchos cañones». Entre prohibiciones y el olvido, la Marsellesa vivió momentos complicados también durante la Restauración, al igual que su autor. Rouget de Lisle fue encarcelado durante el periodo de la Revolución francesa conocido como El Régimen del Terror y condenado a muerte. Se dice que se libró por ser precisamente el autor del himno patriótico. Tras combatir en Vendée, abandonó el ejército en 1796 y vivió sin apenas ingresos en Lons-le-Saunier. Luis Felipe I le concedió una pequeña pensión correspondiente a la Legión de Honor.

La Marsellesa es una de las canciones más mencionadas en los informes policiales de la Revolución francesa
Además de La Marsellesa, que ha tenido distintas letras y ritmos a lo largo de los años, convivieron en el mismo periodo histórico otras canciones de corte revolucionario. Una de las más famosas es «La Carmagnole», especialmente popular durante el Reinado del Terror. La canción fue introducida por las tropas que regresaban de Italia durante la Revolución y tiene como claros destinatarios a María Antonieta y al rey Luis XVI de Francia. Otra melodía que gozó de mucha fama fue «la Ça Ira», una canción popular cuya letra fue modificada tras la toma de la Bastilla. Su contenido es mucho más violento que la Marsellesa y «La Carmagnole», con amenazas de muerte y de tortura a los aristocratas y a los reyes incluidas.

Un símbolo de la revolución mundial abucheado

La Marsellesa fue rehabilitado por la Revolución de 1830, pero hasta la Tercera República (1879) no adquirió la consideración de himno oficial. Más tarde fue también prohibida por el Régimen de Vichy, bajo la influencia de los nazis, puesto que a esas alturas era un himno no solamente vinculado a los revolucionarios franceses o a la Resistencia, sino a todos los movimientos obreros del mundo. Entre las canciones populares entonadas durante la Revolución rusa de 1917, la Marsellesa es una de las más mencionadas tanto en los informes policiales como en las crónicas de los escritores contemporáneos.

E.N. Burdzhalov, el primer historiador de la Revolución de Febrero, afirmó que la victoria de la revolución llevaba de fondo el ritmo de la Marsellesa. No obstante, como ocurría en la propia Francia, los rusos adaptaron la melodía, el ritmo y su letra a sus circunstancias políticas. Mientras la Marsellesa original era una declaración de la unidad nacional, «la Marsellesa de los Obreros» era una canción de protesta social, que apelaba a la clase trabajadora y a la gente hambrienta con un tono aún más agresivo: «¡A por los parásitos, los perros, los ricos! Sí. Y el malvado Zar-vampiro! ¡Matad y destrozadles, los viles puercos!».

A principios del siglo XXI pareció que el aura de canción respetada por todos e inmune a los partidismos abandonaba la Marsellesa al fin. Distintos ataques al himno nacional a través de abucheos y desprecios en el ámbito deportiva abrieron un profundo debate en la sociedad francesa sobre lo qúe estaba fallando. Ocurrió primero en el 2002, antes del comienzo de la final de la Copa en el Estadio de Francia entre el Lorient y el Bastia, un equipo de la región nacionalista de Córcega, se registraron varios desprecios a los símbolos nacionales. Algo que se repitió también en varios partidos internacionales. Así, en 2001,el himno fue pitado con ocasión de un amistoso entre las selecciones francesas y argelinas y el partido tuvo que ser suspendido en el minuto 75 cuando aficionados del país africano invadieron el césped.

Como ministro del Interior, Sarkozy impulsó la Ley de Programación para la Seguridad Interior (Lopsi), que creó en 2003 el delito de ultraje a la bandera y al himno nacional franceses, sancionándolos con penas de hasta seis meses de prisión y 7.500 euros de multa. Asimismo, Nicolas Sarkozy estableció, ya como presidente, que si se pita el himno frente al combinado nacional, los miembros del gobierno deben abandonar el estadio, el árbitro suspender el partido y el gobierno anular todos los encuentros amistosos contra el país rival durante un periodo de tiempo por determinar.

Muchas gracias por tomarse unos minutos para leerme. Si les gustó, compartan el texto utilizando el numeral #MiércolesDeHistoria

Topar

Desconfío que pueda algún día presenciarte. Te veo en fotos, donde la cámara hizo de las suyas y te retrató perfecta, no sólo por bella, tanta que seguramente causaría una guerra entre dioses para elegir un digno amante. Si no, porque en tus fotos se escapa una pizca de tu esencia y con eso basta, con eso basta.
Es suficiente para dejarme pensativo, inspirado, descuadrado. Acerca de la grandeza del universo que te contiene y la del universo que contienes. Quizás por eso tardó tanto la vida, porque acomodar tantas moléculas, de esa manera tan magistral es un hito que trasciende todo. Y, si una foto causa eso, de imaginarme tu pelo al viento, tus labios húmedos y tus ojos vivos, hasta lo intangible de mi ser tiembla.

MUJERES Y FARMACIA

«Las mujeres siempre han sido sanadoras. Ellas fueron las primeras médicas y anatomistas de la historia occidental. Actuaban como enfermeras y consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmacólogas con sus cultivos de hierbas medicinales, los secretos de cuyo uso se transmitían de unas a otras. Y fueron también parteras que iban de casa en casa y de pueblo en pueblo.

Durante siglos las mujeres fueron médicas sin titulo; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba -mujeres sabias-, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas.

La medicina forma parte de la herencia de las mujeres, pertenece a su propia historia, es su legado ancestral».